viernes, enero 23, 2015

Tengo que comprar una tetera

Se cortó la luz en la oficina temprano en la mañana. Antes que llegáramos a trabajar. Llegamos y obviamente teníamos ganas de tomar café. La señora de la casa del cuidador tenía agua hervida en una olla… Y paf. Me acordé que tengo que comprar una tetera. 

"Cuando estaba en scout, me fascinaba ir a los campamentos, sobre todo al de verano porque nos desconectábamos de todo. No había tele, ni radio, ni luz, ni agua, no se usaban los celulares y aunque hubiera, siempre eran en lugares alejados donde no llegaba señal. Mi hija estuvo este verano en un campamento así, y volvió feliz. Cualquiera podría pensar que se va a sufrir a estos lugares, pero en realidad la riqueza que se logra en el espíritu es impagable. La conexión con la naturaleza es maravillosa, se disfruta de las estrellas, de una nube tapando el sol en un día de calor, del canto de las aves, del sonido de un río, del crepitar de un leño en la fogata. Luchábamos contra coliguachos, polvo suelto, la lluvia espontánea que hacía correr a todo el campamento para cubrir las cosas, cocinábamos lo que había o lo que iba quedando. Aprendimos a vivir en una situación diferente a lo habitual".

Estas vivencias enseñan a ser un poco más empático con las personas que por algún motivo no han podido lograr tener mejores condiciones de vida. Se aprende a ser un poco más tolerante a la falta de energía o de agua. 

La mina cuática. Solo con un corte de luz, me puse reflexiva. Me acordé que debo comprar una tetera para tener en caso de emergencia. Y también me acordé que hay que saber vivir con menos.