miércoles, junio 20, 2018

Inventario en casa

Me encantaría llegar a ese punto en que tenga claridad de todas mis pertenencias. Y cuando digo todas, son TODAS.


Durante toda mi vida me he dedicado a adquirir cosas, de todo tipo (colección de esquelas, pins y llaveros, por poner ejemplos). Sé que no soy la única. Desde cosas tan pequeñas como una cinta para el pelo, lápices hasta ropa de cama y muebles (por mencionar cosas muy grandes). Las cosas grandes son fáciles de dimensionar: el refrigerador, la cama, mesa, etc. No son "escondibles" por lo que es lógico que tengamos absoluta conciencia de que existen y dónde están. Pero los objetos pequeños, los que caben en cajas, joyeros, cajones, bolsas, pueden ser cientos o miles y como en estricto rigor no ocupan mucho espacio, los podemos guardar eternamente y no molestarán. Sin embargo, creo que hay muchas de estas cosas que justamente por su tamaño, pierden importancia y quedan rezagadas en el fondo de un cajón sin uso, sin ser necesitadas y lisa y llanamente olvidadas.

Al ir abriendo cajones y revisando uno a uno su contenido, me doy cuenta de esto que les comento. En la oficina he hecho el mismo ejercicio. He abierto muebles que están llenos de objetos y cuando preguntas a los demás si saben algo de ellos, nadie sabe. No tienen dueño. Nadie sabe quién los guardó en ese lugar ni para qué. En la casa pasa lo mismo. Guardamos cosas y cosas que terminamos olvidando. En mis cajones he encontrado de todo. Y encima de ellos también. La señora del aseo (conozco a varias que hacen lo mismo) guardan lo que pillan en los ceniceros o pocillos que encuentren. He encontrado pinches, chinches, clavos, puntas de atornillador, colets y aros - entre otros - en un mismo recipiente. Uno de esos días dedicados al orden profundo, decidí que iba a dedicar el tiempo que fuera necesario en reubicar todo en su lugar y uno a uno lo hice. Iba de una habitación en otra y no paré hasta terminar. Suena a muuucho tiempo dedicado, pero no fue así. Dos horas con suerte y con espacios de "procrastinar" entremedio.

Me ha dado vueltas desde hace un tiempo, el tema de los inmigrantes. Llegan a un país desconocido casi con lo puesto. Por ejemplo, mi hermana ha estado de inmigrante en otros países y ha tenido que dejar sus grandes pertenencias en los lugares en que ha estado para moverse a otro lugar. Y esto me da para pensar que somos lo que somos, no somos lo que poseemos. Me siento rica cuando veo todas los objetos que me pertenecen, pero sinceramente muy pocos de ellos aportan realmente a mi día a día. 

Por eso es que quisiera inventariar todo. Saber lo que poseo y definir exactamente lo que sirve y necesito y lo que no. Sigo descubriendo cosas innecesarias en mi hogar, sé y tengo muy claro que seguiré encontrando más. Los lápices, estuches, pañuelos, ropa en general, chinches, pinches, comida que vence, envases y adornos siguen ocupando espacios en los cajones, ocultos muchas veces por otras cosas de igual o menos relevancia. 

Ya llegará el día en que pueda hacer el inventario y sepa con precisión (no exactitud, porque es muy difícil) lo que hay y sobretodo lo que dejó de haber.

¿Y tú? ¿Sabes todo lo que posees? Te invito a hacer la prueba. 

lunes, junio 18, 2018

Cómo llegué a llenarme de objetos

Salimos de la casa de mis padres en Febrero del año 2011. Un par de años antes ya tenía la idea de mudarme con la Fran, estaba cerca de los 30 años y necesitaba mi independencia. Estuve ahorrando de lo que ganaba en mi trabajo para comprar una casa y se estaba haciendo muy largo el proceso de ahorro. No lograba reunir mucho y veía cómo pasaba el tiempo. Sin embargo, igual me propuse que en algún momento me iba a ir. Empecé a buscar ofertas en internet, busqué muebles y electrodomésticos y fui comprando en la medida que me fuera posible. Como en la casa de mis padres había una bodega grande*, pude ir almacenando estas compras. Logré dentro de poco más de 1 año reunir un refrigerador, un microondas, una lavadora, una mesa de comedor con 4 sillas, una cocina con horno a gas, dos muebles tipo rack, y el verano antes de cambiarme (ya había logrado obtener un crédito hipotecario con ayuda de mi papá) y para la Pascua todos mis regalos fueron para la casa: un juego de vajilla y una batería de cocina, una aspiradora, cubiertos, una panera, un abrelatas y vasos. De mi habitación tenía un mueble tipo sécrétaire que usaba para mi ropa y cositas personales, la Fran tenía su cama, nos llevamos unos veladores, ropa de cama, toallas. Todo lo que se entiende como básico para un hogar. En enero me entregaron la casa y empecé a llevarme las cosas de a poco. 

(*bodega grande: está llena de cosas que alguna vez podrían servir... es de familia el tema de la acumulación o del "atesoramiento de recuerdos") 

Y aquí parte la historia...

Si bien junté lo necesario para poder comenzar nuestra vida en la nueva casa, partí cometiendo un gran error, que sólo ahora, después de muchos años logré visualizar. Aparte de lo mencionado anteriormente, que era lo BÁSICO, también me llevé una elíptica, todos los archivadores que tenía con apuntes de la Universidad (ya había salido hace 3 años) y jamás los había usado, pero pensé que alguna vez podrían servirme*. Compré ofertas de utensilios de cocina, de baño, alfombras, cubrepisos, cuadros, espejos, etc. Todo iba relativamente bien hasta que de repente me empezó a faltar espacio para almacenar y compré un clóset usado a una amiga, adapté un espacio pequeño bajo la escalera* que se convirtió en clóset con repisas, hice otro pequeño clóset en el segundo piso para guardar más cosas. Siempre me quejé de que la casa tenía pocos espacios para almacenar. Nunca pensé que lo que pasaba era que tenía muchas cosas y que no necesitaba tantas. Compré un sofá de 2 cuerpos, luego un sofá de 1 cuerpo, luego X me regaló el compañero de ese sofá individual y se llenó el espacio destinado al living comedor. Cabe detacar que además mi casa en ese tiempo sólo tenía 29 m2 disponibles en el primer piso y lo mismo en el segundo, por lo que como comprenderán, el espacio era mínimo y estaba todo LLENO. Me pasaba a menudo que decía "este fin de semana tengo que ordenar". No iba a almorzar con mis papás porque estaba ordenando. No salía durante un fin de semana porque tenía que "terminar de ordenar". Le decía a mi nana que no tocara nada "porque estaba ordenando" y eso implicaba no hacer aseo en ese lugar. Cuando entraba alguien a la casa les decía "disculpen el desorden, es que estaba ordenando". Ufff!!! ahora que lo recuerdo, fue realmente AGOTADOR y lo encuentro tan absurdo. 

La constructora: Se me ocurrió emprender con una pequeña constructora y lamentablemente no tenía ningún espacio donde almacenar las cosas que sobraban de las pequeñas obras. Adivinen dónde terminaron: en mi casa. En el patio, en la pequeña bodega armable que tuve que comprar para seguir guardando más cosas. Había materiales de construcción, maderas, metales, herramientas, pinturas, etc. Un desastre. Para más remate, tenía dos perras que dejaban la cagada en el patio, hacían hoyos, destruían todo, por lo que vivir en mi casa se volvió muy cansador. El sueño de mi casa linda y ordenada nunca pudo ser. Además que invité a vivir conmigo a X lo que duplicó la cantidad de cosas almacenadas y el desorden era permanente. Decidí cerrar la constructora y poco después X por fin se fue de la casa (fue un gran error haberlo invitado), eliminé parte de los materiales que estaban en el patio, corté las maderas para transformarlas en leña, vendí baldosas, pinturas, fieltro, etc y logré un estado de paz... pero no acabó el desorden. 

La casita de cumpleaños: Después del fallido emprendimiento de la constructora, seguía con ganas de tener un negocio y un día que fui a buscar a mi hija a un cumpleaños, me dijeron que la casita estaba en venta, que la dueña vendía el negocio con llave en mano (el negocio, no la casa). Tiempo atrás había pensado que podía ser un buen negocio y me conseguí la plata y lo compré. Partió todo súper bien, me generaba buenas ganancias al comienzo. Quedé sin trabajo poco después de haber comenzado con este negocio, me dediqué al 100% durante 6 meses y me di cuenta que no era tan rentable como esperaba, al menos no me permitía vivir (afortunadamente el despido me permitió tener un monto de plata asegurado cada mes). Aquí también cometí errores, porque compré muchas cosas que servían para decorar, pero me excedí. Para poner un número, creo que ocupé 1/8 de las cosas que adquirí pensando en decoración: washi tapes, papeles de regalo, cintas, blondas, papeles decorativos, stickers, frascos, etc. El negocio funcionó bajo mi administración no recuerdo si 2 o 3 años. Lo cerré en diciembre del año 2016. Hice una venta de bodega extendida durante casi 1 mes. Vendí CASI todo. El mobiliario se fue rápido, incluidos los juegos, las pelotas de la piscina, cortinas, bancas, microondas, refrigerador, estufas, etc. Todo eso fue fácil de vender. Sin embargo, me costó vender las decoraciones pequeñas y tuve que llevarme todo lo que sobró para mi casa. En enero del año pasado volvía a tener una casa y una bodega repleta de objetos. No había dimensionado que dentro de todo lo que tenía que llevarme habían tarros de pintura, sprays de colores, herramientas, manguera, bidones de parafina, ampolletas, manteles, disfraces, muebles, cajas plásticas, lámparas de papel, piñatas, etc. Me negaba a regalar las cosas, porque quería recuperar parte de la inversión. No podía sólo entregarlas. De a poco vendí varias cosas, pero hasta antes de la ampliación de mi casa (fue en diciembre 2017- enero 2018), todavía tenía muchas cosas en la bodega. Me armé de valor y empecé a regalar algunas cosas. Tuve casi 1 año un montón de piñatas guardadas en la bodega, hasta que ya no pude más y las regalé. 

La venta de ropa usada: Aquí la terminé de embarrar. Siempre he vendido la ropa que dejo de usar. Lo hacía cuando estaba en la Universidad. La embarré cuando ofrecí vender ropa de otras personas. Me llené de sacos con ropa en la casa y la bodega (pobre bodega). Pude vender varias cosas, pero no a un ritmo que permitiera liberar el espacio de forma rápida. Tuve un maniquí en el living durante varios meses, las bolsas con ropa debajo de la escalera (otro espacio distinto al otro que mencioné antes). Y en un momento colapsé y decidí devolver la ropa a sus dueñas y REGALÉ casi toda la mía que tenía para vender. Recibí algunas plantitas a cambio... 

Y así parte esta nueva historia...

La nueva historia parte hace proximadamente 7 meses cuando decidí hacer la ampliación de mi casa y a la vez decidí que no estaba dispuesta a llenar esta nueva casa con las mismas cosas que no me gustaban. Tomé conciencia de lo mal que me hacía tener tanta acumulación. Escribí sobre esto hace un par de meses. (Revisa aquí).  Me negaba a aceptar que había cosas que no necesitaba. Mis pensamientos típicos eran que podrían servir alguna vez. ¿Cómo las voy a botar si están buenas? Me costaron caras. Está nuevo, no puedo botarlo. Etc. ¡¡Y no!! no sirvieron, no servían y no van a servir, al menos a mí no.


Esta nueva historia, es un cambio radical a ese estilo de vida que me tenía enferma. En ese clóset que tenía bajo la escalera ahora tengo un baño. En el clóset del segundo piso, guardo sábanas y toallas y ahora me sobra espacio. Eliminé (vendí) un estante que usaba sólo para adornos, vendí una cajonera que usaba en la leñera para guardar porquerías que nunca sirvieron. Desarmé un estante en la leñera donde tenía muchos tarros de pinturas y otras cosas sin uso. Vacié 7 cajas plásticas grandes, vendí/regalé casi todo su contenido y las mismas cajas también. En resumen, me he desecho de muchos objetos que hasta hoy no he vuelto a necesitar y tampoco me hubieran servido. ¡Quemé mis diarios de vida! Alguna vez pensé en cuántos kilos he sacado de "peso" de mi casa y estimo que puede ser al menos una tonelada.


El gran paso ya lo di. Aún sigo dándome cuenta de lo que sobra en casa. Hemos estado "vaciando" mi clóset y el de mi hija. Lo rico de todo es que si bien soy yo la que ha tomado este camino, se contagia. La Fran también tomó conciencia y ahora aporta al orden de la casa.

Tenemos ciertas "reglas" que ayudan a no acumular y que les cuento a continuación:

- Si entra algo nuevo, debe salir algo viejo
- No tendremos nada repetido
- No se compra nada a menos que sea necesario para algo en particular
- Si podemos conseguir algo prestado para alguna actividad en particular, no compraremos 
- No guardaremos nada que no tenga utilidad inmediata en el corto ni el mediano plazo
- No guardaremos cosas que no nos gustan
- No compraremos ni comida ni cosméticos hasta que lo que hay se acabe (o esté a punto de acabarse)
- Dormiremos más horas
- Ordenaremos justo después de desordenar

Son reglas super fáciles de cumplir y súper lógicas. Sin embargo, cuando has estado mucho tiempo  viviendo bajo cierto estilo de vida, hay que adaptarse y generar nuevos hábitos (post de los nuevos hábitos aquí). 
   



Ésta es mi historia de la acumulación y de la desacumulación. Como ven, fueron años de errores de acumulación involuntaria. Sin ningún conocimiento sobre miimalismo partí deshaciéndome de cosas. Le llamé desapego en su momento. Una amiga me mostró a Marie Kondo y de ahí en adelante empecé a averiguar sobre minimalismo, orden, hábitos y he logrado cambios profundos a nuestra forma de vivir, en poco tiempo. Ojalá les guste esta historia y se motiven a mejorar su calidad de vida si están sumergidos en la acumulación progresiva involuntaria. Creo profundamente que nadie quiere ser acumulador. Es algo que pasa y no nos damos cuenta, por eso con esto pretendo dar un remezón a quien le sirva y un empujoncito ayudarlos a sentir que sí se puede.


viernes, junio 15, 2018

He dejado de comprar

Pensando en dejar de gastar en cosas que no necesito y sumado a que quiero seriamente comenzar a ahorrar de forma sistemática, hay varias cosas que he dejado de comprar y las enumero a continuación:


1. El número uno se lo lleva la ropa, porque me di cuenta que tengo suficiente y que llegué a tener demasiada. Tanta que en algún momento me di cuenta que tenía para cambiarme una blusa/polera diaria durante al menos 2 meses corridos y pantalones para 1 mes. Mucho. En verdad, era demasiado. No fue muy difícil darme cuenta, cuando tomé conciencia*, que había ropa que no elegía para vestirme y que por más que hiciera el ánimo de ponérmela, no me convencía a usarla. Para salir de rápido de ese dilema, varias veces he jugado a darle una última oportunidad a alguna prenda y la uso un día. Si no me siento 100% cómoda con ella, le digo adiós. Casi siempre me pasa que la ropa que me ha hecho dudar, finalmente ha terminado fuera del clóset.

2. Detergente: no es porque no use, sino que una vez (el año pasado) compré una promoción de 2 por X  y otra vez hice lo mismo pero de 3 por Y, y quedé con stock de detergente creo que hasta fin de año y más. Por esto mismo me he dado cuenta que si bien las ofertas pueden llegar a ser muy  tentadoras, hay que evaluar mejor si vale la pena en el tiempo, porque ocupan mucho espacio.

3. Cremas: Tengo tantas cremas acumuladas, que no necesito comprar más. Más encima no uso mucho, no tengo la costumbre de encremarme. El plan es ocupar todo lo que tengo hasta que se acaben todas y quizás nunca más comprar.

4. Adornos y decoración: me pasaba siempre en los supermercados que me iba a sección hogar. Tenía una fijación por los adornitos estilo vintage. Me saturé. Ya no vuelvo a comprar ningún objeto que sirva para poder encima de una mesa sin cumplir una función. No entro a Casa&Ideas a menos que tenga que comprar algún regalo o comprar algo puntual. 

5. Revistas. No soy muy buena para comprar revistas, pero alguna vez lo hice. Esto es algo que no compraré nunca más.

6. Productos de aseo. Sólo compro ese que sirve para el piso flotante y ese líquido aromatizado de color. Lo demás lo tengo en recargas comprados desde hace varios meses. Tengo la intención de que cuando se acaben poder reducir todo a un solo producto.

7. Blocs de papelería decorativa. Acumulé muchos. Los compré en Aliexpress y me 'sobrestockeé'. Lo mismo que con los washi tapes. Tuve que empezar a venderlos. Los papeles también me gustaría ofrecerlos, pero no tengo ningún bloc sellado. Lo que sé es que no volveré a comprar nada de eso.

8. Aceite de maravilla. Sólo de oliva... si fuera de palta sería mucho mejor.

9. Ropa de cama. Ya tenemos suficientes sábanas, frazadas, cojines y chales. Esto ya no se renueva más hasta nuevo aviso. Tengo por ahí un par de sábanas que probablemente se vayan de regalo o venta por ahí. 

10. Velas decorativas. Hay muchas y casi no prendo velas.  

11. Toallas. Lo mismo que el punto 9.

12. Toallas húmedas, toallas desmaquillantes, cosméticos y maquillaje en general, ceras depilatorias,  champú "de reserva", cremas para peinar, entre otras...

13. Papel de regalo. Tengo muchos pliegos que compré para hacer decoraciones para mi ex-negocio y aún tengo una cantidad suficiente como para hacer regalos durante todo el año. Vendí varios pliegos nuevos y a otros a medias. Dimensionen Uds cuántos pude llegar a tener.

14. Lápices. Tuve que regalar muchos lápices de pasta. Acumulé tantos lápices promocionales y no había tomado conciencia del espacio que ocupaban y que no los iba a usar todos, así que opté por regalarlos entre mis compañeros de oficina. Ahora evito recibir regalos promocionales de cualquier tipo, salvo si son para uso inmediato como caramelos o chocolates, por ejemplo. (Tampoco recibo flyers ni tarjetas de presentación).

15. Seguros. Eliminé varios seguros que tenía contratados porque me di cuenta que estaba duplicando algunas prestaciones y logré ahorrar este último mes $30.000 mensuales en seguros. Estoy esperando que se termine de pagar el equipo de teléfono con el plan que contraté para poder cambiar mi plan y ahorrarme al menos $10.000 más. 

En general, he logrado ahorrar un poco en las compras del supermercado y a veces me he dado gustitos que antes no me daba. Estoy aprendiendo a ocupar la plata en cosas de mejor calidad aunque sean más caras. Las ofertas por más tentadoras que sean, en el largo plazo probablemente no valgan la pena si se trata de productos que no son de uso diario o muy masivo. 


martes, junio 12, 2018

La ansiedad camino al minimalismo

Ya les he contado que pasé mucho tiempo guardando cosas "por si acaso" hasta que decidí que ya no más. Algunos pensarán que me fui hacia el otro extremo y, en realidad, pueden tener algo de razón. Ya cada vez hay menos cosas en la casa, tanto en la bodega del patio como dentro de los muebles de la casa.


Partí sacando cosas repetidas e innecesarias, como herramientas, materiales de construcción, ropa y zapatos y luego seguí con cremas, productos de limpieza, comida almacenada vencida, ropa de cama, muebles, utensilios de cocina y adornos varios (entre muchas cosas más). De estos adornos, por ejemplo, muchos no tenían ningún sentido para mí, no encajaban con mi estilo porque me los regalaron, no los elegí. Tantos eliminé que hasta vendí el estante que servía sólo para ponerlos. ¡Qué pérdida de espacio tenía ahí! 


Partí con esto en enero más o menos, es decir que ya van a cumplirse 6 meses desde que comencé en esta aventura de eliminación. Podría demorar menos, es decir, sería muy fácil tomar las cosas, meterlas en una bolsa y sacarlas de la casa, como de alguna forma nos motiva Marie Kondo, pero llevado a la práctica, si bien hay cosas que sí pude botar a la basura como cremas y comida vencidos, hay otras que aún están en buen estado o pueden tener un mejor destino que la basura. Éstas son las que eventualmente irían en alguna de las "cajas de cosas para donar, regalar o vender" (Ya escribiré sobre eso). El problema de estas cajas es que si bien existe la genial idea de entregarlas a alguien más, si no tenemos a quien, podemos andar meses con las cosas en el auto o permanecer con todos estos objetos esperando su destino guardados dentro de la casa, lo que alguna forma, no ayuda mucho al orden. A mí eso me produce una cierta ansiedad. Me pasa principalmente con las cosas que ofrezco a alguna persona, que se comprometen a recoger y la persona no se la lleva nunca. Ese almacenaje forzado sabiendo que ya tiene dueño, me enerva un poco... es de puro ansiosa.



Tengo muchas cosas aún que compré en ofertas, Por ejemplo, 3 envases cerrados de detergente + 2 abiertos, 4 aerosoles sellados tipo lisoform, varios envases de recarga de productos de limpieza, siliconas para el auto, servilletas por montones, jabones de Bath&Bodyworks que compré en Santiago en oferta porque aquí no está esa tienda (lleva 3 por...), cremas de cara, cuerpo y manos... eso es lo que por ahora logro recordar. Debo esperar que estas cosas se acaben. No puedo llegar y tirarlas. No tiene sentido, hay plata invertida ahí y creo que ninguna caduca pronto. Lo que hice hace poco fue vender una caja sellada de 100 bolsas de té a una vecina. No tomo té muy seguido y la caja ocupaba mucho espacio. El punto aquí es que seguiré con los muebles un poco llenos hasta que logre acabar todos estos productos. Esto deja como enseñanza que no vale la pena comprar todo de oferta, salvo si es algo que va a permitir un ahorro muy importante. Si esa oferta al final termina desordenando nuestros espacios y no aportando significativamente a la economía familiar, quizás no vale la pena. Así lo he estado haciendo últimamente, ir comprando en la medida que se necesita. 

Por otro lado, he optado por adquirir cosas de mejor calidad y que sí aporten valor. Aproveché una oferta en los cyberdays y compré el notebook del cual escribo ahora, entre otras cositas que sé que van a durar mucho. 

El camino ha sido lento pero seguro. Se me ha vuelto un hábito estar revisando casi diariamente los espacios para ir viendo qué se queda y qué se va. Puedo sonar un poco obsesiva, pero es lo que me mueve ahora. Despojarme de cosas materiales innecesarias me satisface, me hace sentir bien, y sobretodo con menos carga. 

Destaco que uno de mis grandes conflictos emocionales a la hora de eliminar cosas de la casa, se produce porque tengo una fascinación con el reciclaje que me impide llegar y botar sin tener algún sentimiento de culpa. Por eso es que siempre trato de buscar un nuevo hogar para mis cosas, sobretodo las que están en condiciones de seguir siendo utilizadas. 

Paso a paso... 





miércoles, mayo 23, 2018

No tengo tiempo

Apostaría un chocolate a que más de alguna vez has dicho todas o algunas de estas típicas frases:

- No tengo tiempo
- Me falta tiempo
- Necesito que el día dure 30 horas
- No puedo por falta de tiempo
- Etc...

¡Gané!


La rutina y las actividades obligadas del día a día no nos permiten hacer todo lo que quisiéramos hacer en un solo día. Nos dedicamos a postergar eternamente - a procrastinar - actividades o tareas que "si tuviéramos el tiempo suficiente" haríamos.
Muchas veces tenemos esa sensación de falta de tiempo y pensamos cosas como las siguientes:

- Tengo que colgar ese cuadro, pero no he tenido tiempo
- Cuando tenga un tiempo libre, voy a ir a comprar esa ampolleta que falta
- Si tuviera tiempo, podría hacer las fundas de los cojines
- Me falta tiempo para hacer ese curso de carpintería que tanto quiero hacer

Por otro lado, existen personas que siempre tienen "su agenda" copada, llenos de actividades o miles de cosas por hacer. Cuando quieres juntarte con alguno de esos eternos ocupados, debe revisar su agenda para ver si tiene un espacio para ti. Sinceramente no creo que tener esa agenda llena de obligaciones a una persona la haga muy feliz, digo obligaciones, porque si son actividades que lo hacen sentirse bien, no habría ningún problema con aquello. De lo contrario, pobre de él.

Resultado de imagen para silla con ropaEl concepto de procrastinar es muy habitual en muchas personas. Dejar todo para después, no darle prioridad a tareas que podrían resolverse muy rápido, pero que por ABC motivos no se les da la importancia y pasan y pasan los días sin resolverse. Un ejemplo de esto, es la frase que puse anteriormente: "Tengo que colgar ese cuadro, pero no he tenido tiempo". Seamos objetivos. Colgar un cuadro toma con suerte 1 minuto de nuestras vidas. Pueden ser hasta 5 minutos si es que hay que hacer un agujero en la pared o si hay que ir a buscar la caja de herramientas a la bodega, pero no es más que eso. Y muchas veces, preferimos dejar el cuadro en el suelo o encima de un mueble con tal de no hacer la actividad previa a colgarlo. Así pasa con un sinfín de cosas: La ropa que queda amontonada encima de "esa silla" (o la elíptica o lo que sea) en la habitación, los zapatos que quedaron la sala de estar, la mancha en la pared por la salpicadura de café, los tornillos que quedaron afuera de la caja, la reparación de la mesa coja, el sello de la llave del lavaplatos, el lavado del auto, etc. He escuchado a muchas personas decir que no tienen tiempo o que simplemente les da lata, pero para estar echados viendo alguna serie en la TV sí tienen tiempo (y eso sí que al menos para mí es una pérdida de tiempo, a menos que esté haciendo algo más a la vez).

Todos tenemos 24 horas al día y hay personas que las aprovechan más o menos de acuerdo a sus propias convicciones o formas de vida. He escuchado a algunos minimalistas que maximizan su tiempo y se levantan más temprano que el resto de las personas para aprovechar bien el día. Desde las 5:30 am parten el día haciendo ejercicio, revisando temas del día anterior (correos, trabajos, apuntes o lo que sea), por tanto cuando "empieza el día" ya tienen resueltos algunos temas y eso les permite aprovechar mucho más la mañana. Lo encuentro genial y quiero hacerlo, pero por ahora sólo he logrado despertar 15 minutos antes de lo habitual (y con la ayuda de la alarma). 

Decidí escribir sobre esto porque he tratado de motivar a varias personas a que hagan lo que yo he hecho, limpiar la casa y nuestros espacios vitales. Muchas me han dicho que no tienen tiempo. Cuando cuento lo que he estado haciendo en mi casa me dicen "Ohhh yo también necesito hacerlo, pero no tengo tiempo" y su cara de decepción en enorme. ¡Ojo! Yo también trabajo de forma dependiente, cumplo horario, tengo hija, voy al supermercado, cocino, etc. Esas excusas no son válidas cuando uno se propone hacer algo. Pero debes convencerte de que lo que hagas por ti, por tu casa y por tu familia tendrá un efecto positivo en muchos aspectos de tu vida.

El método Konmari dice que hay que organizar por categorías y todo de una sola vez, porque si no nunca acabarás. Yo lo hice así para empezar, pero efectivamente necesité de uno o dos días para hacerlo. Pero esos 2 días de todo lo que me queda por vivir son insignificantes y por ello decidí que tenía que hacerlo, porque si no lo iba a hacer nunca: procrastinaba. Pero como entiendo que no todos quieren dedicar TANTO tiempo al orden, recomiendo partir eliminando un poco de cada cosa en distintos lugares de la casa. Atacar un cajón y botar* todo lo que ahí no sirve, y así con los closets, muebles de cocina, baño, etc. Después vendrá la etapa de reunir todas las cosas por categorías y clasificar correctamente cada objeto en su lugar < y aquí deberás dedicar tiempo para no dejar a medias lo comenzado.

Te invito a que apenas se te ocurra hacer algo, lo hagas, porque si lo dejas para después, será eterno. Si ven un papel que hay que guardar, guárdalo. Si se sale un botón de tu camisa, cóselo. Si se ensucia algo, límpialo/lávalo. Si debes ir al doctor, pide la hora y ve. Si quieres empezar un dieta, empiézala y síguela. Adopta como hábito hacer las cosas en los momentos precisos o al menos prográmate y/o ponte plazos máximos para ejecutarlas. En serio que funciona y se siente bien.

¡No procrastines! 

*botar: vender, regalar, donar, botar 

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lunes, mayo 14, 2018

15 hábitos domésticos en proceso

En este proceso de antiacumulación, tengo como objetivo llegar a tener una vida libre de objetos que no son necesarios, lo más cercano al minimalismo posible. No apuesto por el minimalismo puro, porque siento por ahora que no estoy suficientemente preparada y además, aún estoy en el camino de limpieza y desapego. Cada día es más fácil, pero no puedo decir: "soy minimalista", porque estaría mintiendo tanto a Ustedes como a mí misma.

Aparte de toda la limpieza profunda que he estado haciendo en mi casa (decluttering), he adoptado algunos hábitos que irán permitiendo de a poco disminuir cosas innecesarias, evitar el uso de todos los espacios disponibles dentro de muebles, cajones y encimeras, simplificar la limpieza y orden, además aliviar la carga diaria de cosas por hacer y permitirme ahorrar un poco.


Hice una lista de 15 hábitos que he estado adoptando y/o que pretendo adoptar en el corto plazo. Se los comparto para que se motiven a organizarse. Lo mejor es que no cuesta nada. Sólo tener las ganas.

1. Dejo hecha mi cama antes de salir en la mañana. Es muy agradable llegar a la casa y que las tareas básicas estén hechas. Tengo nana dos medios días a la semana, por lo que debo hacerme cargo de todas las labores durante el resto del tiempo. Hacer mi cama en la mañana ya es un hábito y no me siento bien si no lo hago.

2. Estoy despertando un poco más temprano. No he logrado aún salir de la cama antes de lo habitual porque me da frío, pero despierto 15 minutos antes, lo que me da espacio para revisar el teléfono y no perder tiempo en eso cuando llego a la pega. 

3. Cada vez que voy a echar bencina, lleno el estanque. Uno, porque no me gusta ir muy seguido a la bencinera, y dos, porque se pierde tiempo en eso y prefiero perderlo la menor cantidad de veces posible.

4. Hago compras de supermercado una vez a la semana y hacemos una lista con la Fran. Ya no hago el pedido del mes. Generalmente es sólo para comprar los perecibles como los lácteos, jamones, algunas verduras (con lo caras que son) y cereales de la Fran. Con esto me aseguro que lo que estoy comprando se acaba y no sigue guardado eternamente en la despensa y además estoy controlando más los gastos en cosas innecesarias. He botado varias veces en este último tiempo varios productos vencidos, algunos de ellos del año ¡2016! Me falta todavía hacer la planilla en Excel para el control exacto de gastos, pero ya la estoy creando. 

5. Cocino varios platos simultáneamente para ahorrar tiempo en la cocina. No me declaro una masterchef ni nada parecido, pero opté por cocinar, porque no me estaba gustando como cocinaba la nana (siempre lo mismo: tallarines, arroz, puré) y además como no puedo comer todo lo que existe en el mercado, prefiero hacerme mis comidas más ricas, más variadas para poder comer con ganas y disfrutar lo que como. Así he logrado que la Fran coma verduras salteadas, zapallo italiano, quinoa, camote, acelgas, espinacas, champiñones, etc. Varias veces cocinamos juntas y es súper chori.

6. Lavo la loza cada vez que la uso. No espero acumular un lavaplatos lleno de cosas para lavar. Uno, porque el lavaplatos es chico y con pocas cosas ya se llena; dos, porque me da asco tener lleno de cosas sucias y tres, porque me he vuelto un poco maniática del orden y me siento mucho mejor cuando está todo guardado (o al menos lavado).

7. Lavo ropa dos veces a la semana. Una para la ropa blanca y otra para la ropa de color. No quiero perder tiempo colgando/guardando ropa a cada rato. Prefiero hacerlo por varias cosas pero sólo una vez.

8. Cuando me voy a acostar guardo todo lo que usé durante el día. Dejo la ropa sucia donde corresponde, cuelgo y guardo lo demás. Ya no dejo la ropa esparcida por cualquier parte. Demoro un minuto en guardar todo y duermo con la pieza ordenada y despejada.

9. Ya casi no tengo bolsas plásticas. Uso bolsas reutilizables para el supermercado. Ya llevo más de 3 meses haciéndolo y se me volvió costumbre llevarlas. Cada vez que compro las vuelvo a guardar inmediatamente en el auto, para que no se me queden. De esta forma además, no ocupan espacio dentro de la cocina. Compré unas bolsitas de tela para poder ir a comprar las verduras al supermercado y no usar bolsas plásticas, pero aún no llegan (las encargué en Aliexpress). Espero en un mediano plazo poder usar cajas plásticas para comprar los embutidos. 

10. Leo cada vez que tengo un espacio para hacerlo. No veo series en Netflix, porque prefiero leer e instruirme en temas que no conozco. Y si llego a ver algo de tele, lo hago haciendo otra cosa al mismo tiempo. Encuentro una pérdida de tiempo (irrecuperable por cierto) hacer sólo eso. En un tiempo más, voy a dejar los libros en papel y sólo voy a  usar mi Kindle o la Tablet. Pero aún tengo algunos pendientes que me queda por leer y en realidad confieso que me cuesta mucho dejar la magia del papel. Es cuestión de costumbre.

11. Hace al menos 3 meses que no voy al Mall a mirar ropa. Es más, he vendido chaquetas, parkas y zapatos que ya no estaba usando y que me daba pena eliminar. Con esto logré desocupar espacio en el clóset, mi ropa está más libre, puedo elegir más fácilmente qué ponerme y tengo claridad de lo que tengo. Todavía me falta eliminar varias cosas que tengo "en observación" y que estoy viendo que no he usado en varios meses. 

12. Eliminé mis suscripciones a todas las páginas de ventas y/o tiendas, y cada vez que me llega información basura al correo, la elimino. No pedí recibir esa información, por lo tanto no necesito verla. 

13. Eliminé varios seguros que estaba pagando, perdiendo una gran cantidad de plata al mes. Tomé conciencia de la cantidad de plata que se iba al mes pagando seguros innecesarios y quedé impactada. Así es que no más. Voy a "ahorrar" aprox $30.000 por dejar de pagar dichos seguros.

14. Desde hace poco estoy usando Google Calendar y anotando las tareas pendientes en Google Keep. Estas dos herramientas me han ayudado a organizarme mejor y no olvidar mis compromisos. Las tengo descargadas en mi teléfono y tablet.

15. No dejo cosas para después. Cuando veo algo que hay que reparar, lo hago inmediatamente o me doy un plazo máximo. Si no lo hago cuando lo detecto, después se me olvida y pueden pasar meses hasta volver a tomar la idea de hacerlo. Esto se llama no procrastinar. 

Por ahora éstos son hábitos domésticos que he estado adoptando para gestionar mejor el tiempo y lograr de alguna forma ahorrar. No estoy en contra del capitalismo, pero sí me he vuelto una enemiga del consumismo excesivo. No voy a ser más feliz teniendo más cosas. Justamente todo lo contrario. He descubierto que teniendo menos, me siento mejor. Aspiro a tener menos cosas pero todas de mejor calidad. Es un proceso a mediano/largo plazo, pero paso a paso lo voy logrando.





jueves, mayo 10, 2018

¿Cuántos zapatos tienes?




Resultado de imagen para muchos zapatos


Ayer miré conscientemente dentro de mi clóset (como por décima vez) y me quedé pensando en cuáles son los zapatos que me gusta usar siempre y cuáles están ocupando espacio en el zapatero o en las cajas esperando que alguna vez me acuerde de ellos. Y me asaltó la pregunta: ¿Cuántos pares de zapatos tengo? ¿Podría decir rápidamente el númeo exacto de zapatos que tengo? La respuesta fue no. Hice la misma pregunta en el grupo de Facebook y al parecer es un mal que tenemos muchas de tener un montón de zapatos guardados en cajas, en clósets y donde sea y no sabemos con claridad el número exacto que tenemos. Con esto es fácil darse cuenta que poseemos cosas de más, que en realidad no necesitamos si no que compramos porque nos gusta tener más. Yo me comprado zapatos sólo porque los encontré lindos y mantengo uno que otro par muy incómodo, pero que creo que alguna vez puedo volver a usar, aunque sea para tomarme una foto con ellos puestos.

Durante esta última semana he estado sacando varios pares de botas y zapatos de mi casa, para liberr espacio en mi clóset. Como ya he contado en numerosas ocasiones, ya me cansé de estar guardando cosas por si acaso. Tengo dos pares para ponerme en alguna fiesta (porque obvio que necesito zapatos especiales para vestidos). 

Ya no estoy dispuesta a estar buceando entre las cosas para ver qué me pongo. Con menos, tengo más tiempo para otras cosas, me preocupo menos de estar ordenando, se limpia mejor y sobretodo, me siento más liviana.

Los invito a revisar sus pertenencias. No sólo es cuestión de tener muchos zapatos y ropa. Por ejemplo, hace un mes abrí y vacié mi caja de herramientas y encontré 5 martillos y 8 atornilladores (aparte del que tengo eléctrico). Por supuesto que me di cuenta de por qué pesaba tanto la caja, pero además, ¿para qué querría una persona como yo o como cualquiera, tener tantos martillos? Lo mismo me pasó con mi cajita de clavos, tarugos y tornillos. Ya me había pasado varias veces que usaba un tipo de tornillos que ahí estaban que son malos y se ruedan a medida que los vas atornillando. Tenía muchos de ellos rodados y guardados y también otro nuevos que ya sabía que andaban mal, así es que fui viendo casi uno por uno y boté todos los que no me sirven, además de otro montón de cosas de ferretería que ni siquiera sabía para qué servían. Lo mismo con los juegos de loza, toallas, sábanas, cubiertos, manteles, etc...



lunes, abril 23, 2018

Desafío 30 Bolsas en 30 Días

El nombre es un plagio, lo sé, aunque el desafío oficial es el que les conté hace aproximadamente 2 meses que se llamaba 40 Bags in 40 Days. Encontré tan enriquecedor haber participado de ese grupo en Facebook (y sigo en él) que sentí un deber conmigo misma y con el mundo de transmitir el mensaje: se puede vivir con menos, se puede eliminar cosas que nunca van a servir, se puede organizar una casa no sólo por mantenerla ordenada, sino para sentirse mejor con uno mismo.

En marzo abrí un grupo en Facebook para mis amigos y conocidos con la idea de entregar toda la información que he ido adquiriendo y que la vez ellos vayan invitando a más personas para hacer un gran grupo de apoyo para aquellas personas que no se sienten con fuerza o motivación o que no se les haya ocurrido que en realidad en sus casas hay más objetos de lo que necesitan para vivir. 

La mayoría somos mujeres. Creo que nos importa más el tema de nuestras casas y estamos mucho más involucradas. Lo entretenido de todo, es que los hombres se van contagiando igual y los hijos también. La gracia está en el contagio insconciente, al ver espacios despejados y ordenados, sin pensarlo mucho uno tiende a mantener ese orden. En todo caso, hay que trabajar porque eso resulte.

Ya llevo casi 4 meses en este proceso de eliminar acumulación innecesaria en mi casa y aún no termino. Con este nuevo desafío y estando a la cabeza en la motivación del grupo, espero poder cerrar el ciclo de una vez por todas para mi casa. El progreso ha sido maravilloso y me queda tiempo libre para hacer lo que me gusta hacer: leer, cocinar, salir, cantar, etc. 

No se trata de tener mucho tiempo. Es verdad que para ciertas cosas es necesario un tiempo mayor si la acumulación es muy grande, pero a medida que vamos progresando es cada vez menos el tiempo que se necesita. Con 15 minutos diarios puedes desechar cosas del baño o de la cocina. No demoras mucho en revisar todos los envases y ver sus fechas de caducidad. Las bolsas o cajas con "cosas que alguna vez pueden servir" también son fáciles de revisar. Los cargadores y cables si no tienen dueño, debes desecharlos. Los calcetines sin pareja no sirven. Los lápices sin tinta tampoco. La sábanas o toallas con hoyos tampoco debes guardarlas... no se trata sólo de tiempo. Se trata de voluntad. 

Y ojo que no basta con eliminar una cosa al día porque cuando vayas de compras es probable que vuelvas con una cantidad similar a la eliminada y verás que vuelves a lo mismo. La decisión debe ser drástica. 

De a poco me he ido instruyendo en este tema del minimalismo, así es que si tienen preguntas, pueden hacerlas aquí abajo. Éxito!!

Yo ya partí con la primera bolsa de este nuevo desafío. Pongo aquí algunas fotos de su contenido, para que vean que en cuanto a ropa no sólo se trata de eliminar ropa vieja y en mal estado, sino que aquélla que no hemos usado en mucho tiempo, que nos queda la talla, que no nos hace sentir cómodas o simplemente que no nos hace felices.






Aquí abajo, dejo un check list de todos los elementos que deberíamos revisar de modo de establecer un orden en cuanto a lo que resulta más facil a lo más dificil de revisar/desechar.

No olvidar que no estoy incentivando de botar todo a la basura. Primero separa lo que vas a conservar, luego lo que vas a regalar/donar, lo que se puede reciclar y luego lo que vas a botar.


Y para cerrar, a modo de motivación, les dejo el link a la página de Los Minimalistas. Tienen un documental muy bueno en Netflix que muestra cómo el mercado nos ha ido obligando a consumir cada vez más para "ser felices", pero esa felicidad finalmente no llega con las cosas... Véanlo. Vale la pena. Yo lo vi el sábado :D

Saludos!









viernes, abril 20, 2018

Limpieza digital

Si hay algo que me resulta muy cómodo es pagar y comprar por internet. Creo que es un gran invento. Poder pagar las cuentas básicas de luz, agua y gas, además del cable, el celular, grandes tiendas, entre tantas otras evitando tener que ir a cada una de las sucursales de cada empresa, hacer fila y perder tiempo, es lo mejor del mundo. Junto con estos pagos por internet, además me envían el comprobante de pago a mi cuenta de correo, por lo que puedo tener registro de cada uno. Mentiría si digo que los uso alguna vez, pero al menos sé que los tengo guardados de forma virtual.

Así como pago cuentas, también me inscribí - o me inscribieron de forma automática - a varias newsletters (no sé cómo traducirlo) de tiendas que venden por internet y me llegaba información muchas veces que no pedí recibir o que no me interesaba hasta que la vi. Así estuve durante años recibiendo basura en mi correo electrónico que limpiaba de vez cuando enviando los correos a la carpeta de no deseados, leyendo uno que otro para saber de qué se trataba y entre esas veces que me ponía a leer mis spams, encontré ofertas irresistibles y que estúpidamente más de alguna vez compré porque me vino un impulso arrollador y SIN PENSAR hacía click por aquí y por allá y a los pocos días, llegaba a mi casa un paquete con zapatos, lápices, libros, MUEBLES, ropa de cama, etc.  Muchas de estas compras realmente fueron sólo porque estaba barato, no porque lo necesitara. Y aquí estaba el gran error: comprar porque sí.

Los encargados de crear los mensajitos de ofertas, lo saben hacer. Y pucha que lo hacen bien. Increíblemente bien. Los odio. Pero la culpa es de nosotros, que nos dejamos seducir a través del email. Por algo lo hacen. No faltan los pavos que caemos. Me han llegado correos ofreciéndome estadías en termas, ventas de vehículos, ofertas de pasajes a todo el mundo, lámparas, productos de belleza, tiendas de mascotas, premios de lotería (mula), multas no pagadas (mula), avisos de bancos (entre ciertos y falsos), entre un millón de otras cosas que jamás me han interesado y que por algún motivo, alguien se apropió de mi correo electrónico y se tomó la libertad de mandarme información que no he pedido. 

El punto es que ahora que me di cuenta de la burbuja en la que estaba metida, decidí eliminar todas las suscripciones de todas las tiendas a las que he comprado por internet, en las que tengo tarjeta de crédito y cada correo nuevo que recibo que no quiero recibir más, pongo "desuscribir" y lo mando a la carpeta de spam. Lo bueno es que el Gmail permite separar en carpetas la información que va llegando, por lo que es más fácil ir priorizando la información y se sabe de antemano cuando llega información basura. 

- Cuando llega correo no deseado, la vacío inmediatamente y no leo nada de lo que ahí llega, a excepción de los títulos de forma rápida para que no se pase alguno que pudiera importarme en serio, pero en general no llega nada importante a esa carpeta.

- He vaciado mi correo, aunque todavía no me he dado el tiempo de borrar todo. Es mucho y tengo poco tiempo que prefiero dedicar a las cosas físicas tangibles.

- Limpié el listado de contactos de mi teléfono celular. Habían nombres que no conozco (de alguna venta quizás) y personas con las que no hablo nunca. Eliminé al menos 10, aunque creo que fueron más. 

- Borré fotos del teléfono también y limpié lo rescatado en Icloud, porque hay muchas cosas que no me interesa guardar ahí. Tendemos a sacarnos más de una foto en una misma posición y/o situación y se nos olvida borrar las repetidas. No tiene mucho sentido guardar varias iguales. Ojo ahí.

- Limpié el escritorio de mi computador. Estaba lleno de archivos que sólo descargué para mirar una vez. Saqué los accesos directos a algunos programas, dejé "a mano" sólo lo que me sirve y que uso siempre. Me falta limpiar algunas carpetas de 'documentos' y 'cargas de cámara'. Ya empecé, pero algunos tengo que revisarlos uno a uno.

- Para cerrar, la decisión final es no volver a comprar nada que no necesite. Lo vpy a cumplir tanto poara compras virtuales como físicas. Quiero hacer un análisis a fin de año viendo cuánto logré ahorrar.

NOTA 
Dato para limpiar el computador de los archivos temporales:
- Inicio - Buscar y escribir %temp% y de esa carpeta borra todos los archivos. El computador se vuelve más rápido casi de forma inmediata :D












jueves, abril 19, 2018

Lo que me hizo clic

Ya se habrán dado cuenta que estos últimos 3 meses me he dedicado a vender, regalar y botar muchas cosas. Esto no es al azar. No es que tenga necesidad urgente de plata o que me haya quedado sin trabajo o que tenga que mudarme a otro país ni nada de eso.

Hay tres grandes razones y una de ellas muy muy importante:

1°. Tomé conciencia que no las necesito y no aportan en nada a mi vida ni a mi bienestar ni a mi felicidad

2°. Ocupaban espacios físicos en mi casa y se me estaba volviendo un poco agobiante el hecho de tener que esquivar obstáculos, ordenar a cada rato y mover "las cosas que algunas vez podrían servir" de aquí para allá y en realidad nunca han servido.

Y la más importante

3°. Tuvimos junto a D y la Fran a fin de año una experiencia límite que me hizo clic. No he escrito nunca sobre el accidente, salvo un pequeño texto en Facebook e Instagram. No había encontrado el momento adecuado ni las palabras correctas. Ahora puedo incorporarlo a un contexto en el cual hablar del apego a la vida y el desapego a las cosas materiales tienen mucho sentido. Y aquí voy…

He escuchado durante años a algunas personas decir, si es que no toda mi vida, que las cosas materiales no tienen ninguna importancia, que el dinero no hace la felicidad, que existe una ley de atracción que permite que nos ocurran cosas buenas si es que así creemos que será, que lo esencial es invisible a los ojos. A pesar de que está lleno de mensajes estilo Dalai Lama en todos lados, pasa algo curioso: nuestro estilo de vida, ese estilo que se nos impuso y que debemos cumplir de una u otra forma para encajar con los demás, hablemos de la última moda, los miles de productos de belleza, el último modelo de auto, teléfonos, computadores entre un sinfín de PRODUCTOS que nos harán más felices, pareciera no estar acorde con las frases que muchas veces llamamos cursis o cliché.

Miro hacia atrás y me sorprende haber estado sumergida en este mar de acumulación. No sé bien si tenía miedo a perder algo o me sentía muy sola. He leído que la acumulación se asocia a carencias o falta de algo, sin embargo no sabía que me sentía así o quizás no me daba cuenta del daño que me estaba causando. En estos pocos meses he logrado cambios tan radicales en mi casa que sin mentir debo haber eliminado unos 500 kg de cosas, entre muebles, ropa, artículos de ferretería, zapatos, libros, ropa de cama, pinturas (lacas y barnices), cables, comida (sí, comida vencida), productos de belleza y cosméticos, etc. Y les cuento que es verdad que una vez que ordenas tu espacio vital, te sientes más liviano, más descansado. Porque nuestra casa es nuestro espacio, DEBE ser el lugar donde nos sintamos seguros y en paz, no ese lugar al que no queremos llegar por “pucha, tengo que ordenar”. (ya me extenderé más en este punto más adelante en otro artículo).

El accidente me hizo clic. Cuando volví a mi casa después de haber pasado el año nuevo en el campo, adolorida pero descansada, encontré a mi perrita Coca enferma. Se murió esa misma semana. Un día después de mi cumpleaños. Boté tanta pena en lágrimas, entre el estrés del choque y esta pérdida tan dolorosa, mi corazón y mi cabeza hicieron clic. ¿De qué me sirve una casa llena de cosas si no me aportan felicidad, si no permiten que me sienta a gusto en ella y lo peor de todo, si no aportan a devolverme a mi perrita. ¡Basta! Ya fue suficiente, me dije.



Llevaba varios años pensando en ampliar mi casa. El espacio era insuficiente para todas las cosas que tenía guardar. Ése era mi argumento para pensar en ampliar. Estaba equivocada. Cuando decidí ampliar de una vez por todas (octubre 2017 lo decidí), me dije a mí misma que no me iba a permitir llenar la parte nueva con la misma acumulación. La casa ya no iba a ser la misma de antes. Iba a tener espacio a mí gusto, a mí estilo, como yo quería que fuera y no acomodando lo que tenía. Si había que cambiar todo, lo haría. Y lo hice.

Las decisiones radicales son difíciles de tomar, pero hace falta un empujón o un empujoncito, para partir. De vuelta en mi casa, a comienzos de año, imaginaba mirando todo el “desastre” que había en mi casa, en la bodega, en la leñera, dentro de los clósets y de los cajones si el accidente hubiera sido fatal, ¿qué habría pensado mi familia al tener que revisar todo lo guardado? ¿qué habrían hecho con las cosas? Quizás habrían pensado que me gustaba guardar todo eso o se habría preguntado ¿por qué guardaba esto? ¿y esto otro? Es algo que me dio vueltas varios días. Y entonces… partí con la eliminación. En inglés hay un concepto llamado “decluttering” que no tiene traducción al español, pero que significa sacar de tu casa todo lo que no te aporte, desechar cosas inútiles, limpiar, ordenar, organizar, etc. Eso fue lo que apliqué y lo sigo haciendo.

Me faltaba un clic. Y fueron varios clics en poco tiempo. Fue como un reseteo. Una nueva oportunidad. No le doy a nadie la sensación de estar vivo sabiendo que tu vida puede acabar en unos segundos. Todo lo demás se recupera, menos la vida. Si necesito algo, lo compraré cuando lo necesite. Ya no necesito guardar cosas que algunas podrían servir, porque quizás nunca más me vayan a servir.


Dedicato a ti, mi perrita linda. Sigues siempre presente en mi corazón.