martes, julio 17, 2018

Me cambio de casa

Hola a todos.
Les cuento que no seguiré escribiendo sobre minimalismo ni nuevos hábitos de vida en este blog, porque va perdiendo la esencia de para qué lo creé hace más de 10 años atrás.

Voy a dejarlo para línea editorial clásica y todo lo relacionado al nuevo estilo de vida que estoy emprendiendo, me lo llevo a www.simplificarte.cl o a www.simplificarte.net. 

Si borro los últimos posts es porque los pueden encontrar en mis nuevas páginas.




viernes, julio 13, 2018

¿Sabemos escuchar?

Me pasa que me cuesta retener el nombre de una persona cuando me la presentan de forma repentina. Ya sé que está mal. Ni siquiera es que se me olvide, lo oigo pero mi cerebro no lo procesa: no lo escucho. Como se ha repetido en varias ocasiones y ya tengo conciencia de esto, intento que no me vuelva a pasar, pero curiosamente, cuesta más de lo que uno cree.

Hace días que le estoy dando vuelta a los conceptos oir y escuchar y a cuánta atención ponemos a las personas cuando nos hablan. La diferencia entre estas dos palabras, aunque para muchos sea lo mismo es que escuchar es un acto voluntario que implica poner atención y entender lo que otra persona nos dice y oír es sólo percibir sonidos por medio del oído. La razón de este análisis es que me he dado cuenta que se podría diferenciar a las personas de acuerdo a su forma de comunicarse y sobretodo en su capacidad de escuchar. Me he estado haciendo algunas preguntas:

¿Realmente sabemos escuchar al otro sin que nos invada una necesidad intensa de contar inmediatamente lo que nos pasa a nosotros?

¿Somos capaces de retener por más de un momento lo que conversamos con otra persona?

¿Nos interesa escuchar al otro o sólo nos importa hablar y no escuchar?

He observado situaciones que se me han repetido con algunas personas y he notado de que a veces también cometo el error de no escuchar de verdad. De acuerdo a esto, es que se me ocurrió categorizar a 4 tipos de personas. La primera creo que es la que me ha tocado presenciar la mayor cantidad de veces. Supongo que de alguna forma, todos caemos en esta categoría más de una vez:

1. El egocéntrico (Quien sólo quiere ser escuchado): La respuesta a casi cualquier comentario que uno le pueda hacer es "a mí también". ¿Se han fijado? Le cuentas algo que te pasa e inmediatamente responde que también le pasa lo mismo o a su hijo o a su cuñada o a su vecino o a quien sea. Pero siempre tiene una historia mejor la tuya con respecto a lo que a ti pasa y finalmente termina hablando de su idea y le importa un carajo lo que a ti te ocurre.

Ejemplos de mi vida real:

A. Yo: "Me duele el estómago"
     Él: "A mí también y eso que no comí nada malo. Deber haber sido el trozo de torta que comí ayer que me cayó mal. Es que sufro de problemas del colon, entonces no me cuido... blablablá"

B. Yo: "Voy a tener que viajar porque murió un familar"
     Él: "Oh qué pena! Yo también fui hace poco un a funeral. Era de la mamá de un amigo y la señora era muy querida, cuando éramos chicos nos daba harina tostada... blablablá"

Este mismo tipo de persona se desespera cuando hay una reunión de varias personas y que al salir un tema de su interés, lo único que hace es tratar de meterse entremedio para dar su opinión o comentario, en vez de terminar de escuchar al resto lo que tiene que decir. He presenciado a personas que están con la palabra de inicio de una frase en la boca y la repiten insistentemente tratando de interrumpir al que está hablando.

Lo otro que hacen es que te llaman por teléfono sólo para hablar ellos y resulta complicado cortar porque no dejan espacio para decirles que estamos ocupados o que tenemos que cortar.

Incluso me pasó con dos prsonas a las que les decía por teléfono que tenía que ir a ver a mi hija cuando era más chica y seguían hablando como si nada, en vez de decir: "anda, hablamos en otro momento".

En esta categoría predomina el ego por sobre todas las cosas. Sinceramente, cuando ya descubro a personas que son así de forma habitual, evito entablar conversaciones muy largas con ellas. Siento que son una pérdida de tiempo. Y aquéllas que fueron parte de mi vida alguna vez, las alejé por lateras.


2. El adivino: También hay unos que son adivinos. No dejan terminar de hablar a la otra persona y asumen que su contraparte quiso decir algo, aunque no sea así. Termina las frases de otros y muchas veces se equivocan en sus impresiones. Esto se ve muchas veces, sobretodo en entrevistas que he escuchado últimamente.

3. El mudo (escucha pero no habla): Este tipo de gente es ideal para el tipo A. Como no hablan, se dedican a escuchar pacientemente o se ríen o miran mientras los demás conversan. Conozco personas que tienen ese don de escuchar a otros por horas. Por un lado los admiro por la paciencia, pero por otro, los encuentro lo más lateros que hay. Porque cuando uno quiere entablar una conversación con ellos, es imposible sacar más de un monosílabo como respuesta, no se explayan, no opinan de nada. Pareciera que a esta vida no vinieron a comunicarse. Supongo que dentro de los factores que los hacen ser así está la timidez o la introversión, pero es bien fome tratar de conversar con alguien y que no hable. 

4. El entrevistador (se dedica a preguntar): Se dedica a preguntar todo el tiempo sobre ti. Saca información fácilmente por la forma que tiene de conversar. A veces es persuasivo, te escucha y opina lo que le comentas y te vuleve a preguntar. Para los que son buenos para hacer esto, es fácil que termine cayéndote muy bien, porque de alguna forma te sube el ego, ya que te mostró interés todo el tiempo.

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Es habitual que cuando alguien cuenta una situación que le ocurrió, transforme las ideas, sobretodo si ya ha pasado mucho tiempo. Es muy fácil olvidar una conversación completa y por ello tendemos a trasmitir lo que nos pareció escuchar, lo que sentimos y muchas veces se tergiversa el mensaje por no haber logrado retenerlo por completo. Si fuéramos más concientes de que cuando escuchamos debemos poner atención, se evitarían varios conflictos entre personas. Entre el que "yo le dije", "ella me dijo", "no me acuerdo bien, pero me pareció escuchar que..." se presta para malos entendidos. La mala comprensión auditiva tiene que ver con la falta de concentración, pero creo que también se debe a que no estamos dispuestos muchas veces a liberar nuestro ego y dedicarnos 100% a otro. Obviamente que si pasa algo muy abrupto y que nos hace alterarnos es menos probable que podamos recordar porque además le estamos agregando emociones al relato.

¿No les ha pasado que te estás dando un tiempo con tu hijo para jugar y revisas el teléfono a cada rato por si hubiera algún mensaje?

¿O vas a una reunión y tu jefe contesta todos los llamados mientras tú tienes que esperar a que deje de hablar con otras personas para retomar lo que se estaba hablando?

¿O estás conversando con una persona y te pones a responder mensajes mientras te habla y asientes para que creas que estabas poniéndole atención?

¿O cuando alguien interrumpe y al tratar de volver a la conversa, se te olvida de qué estaban hablando?

Dejo planteado esto, dado que hace tiempo que tenía el post en borrador y ahora me hizo ruido al terminar de leer el libro "El Secreto de las Siete Semillas" de David Fishman que complementa justamente el concepto del ego y que muchas veces nos supera porque no tenemos control sobre él. Por otro lado, el libro "Los 7 Hábitos de la Gente Altamente Efectiva" de Stephen R. Covey, también trata en una parte del libro sobre lo mal que algunos se comunican producto de atender mucho más a lo urgente y no a lo importante, reflejado por ejemplo, en la situación que vivimos a menudo cuando alguien contesta su teléfono y nos hace esperar.

Dada esta toma de conciencia, intentaré poner mucha más atención en las conversaciones. No se trata de ego por mi parte, al menos no lo siento así, si no más bien a veces pierdo el hilo de la conversación porque me pongo a pensar en otra cosa. Supongo que todos tenemos un poco de cada una de las características de los tipos que se me ocurrió clasificar, pero hay que esforzarse por realmente escuchar de forma activa a los demás y si no nos interesa una conversación específica, tratar de desviar el tema para otro lado, decir que no quieres hablar de eso y como última estrategia, fingir tener que hacer algo más y escapar jaja, pero si estamos dispuestos a conversar, al menos hagamos el intento de escuchar.

Más temas como éstos en mi cuenta de Instagram en @organiza_y_simplifica_tu_vida y @lore_ortizj

Si quieres, déjame un comentario. Lo agracederé mucho.
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LAFÜ

jueves, julio 05, 2018

Depilarse

Iba a escribir sólo de los métodos de depilación que he usado y cómo he simplificado con el pasar de los años el asunto y me salió la historia de mi vida en torno a los pelos. Al final cierro el post, hablando de mis gustos por cada uno de ellos.


Una historia peluda:

Desde niña fui peluda. En mi infancia me gustaba jugar con los pelos de mis brazos, me los peinaba, jaja, no me molestaban, eran parte de mi cuerpo y los aceptaba como tal, hasta que llegué a la pubertad y me empezaron a molestar... y mucho. Mi mamá que es rubia nunca ha tenido problemas de pelos y mis hermanas eran bien lampiñas, por lo que en la casa era un tema mío, solamente mío y de nadie más. 

A los 11 años, casi bordeando los 12, mi mamá accedió a permitir que me depilara las piernas antes de un paseo de curso, que eran como de hombre lobo jaja. Compramos una jalea depilatoria con olor a amoniaco espantoso y escondida en el baño esperé a que hiciera efecto. Se salía con el agua de la ducha. Fue maravilloso ver mis piernas peladas, aunque sólo me dejó hacerlo con la mitad de la pierna desde la rodilla hacia abajo, pero al fin y al cabo, ya no tenía esos pelos de toda la vida. En esos años, los niños éramos muy dependientes y pedíamos permiso para todo. Ahora, en cambio, ellos deciden y uno les hace caso. Al menos los escuchamos en sus problemas, aunque sean meramente estéticos. Para mí era un tema, un problema al que jamás le dieron la importancia que para mí tenía. 

Al mismo tiempo, me crecía ese bigote púber que no podía sacarme, porque no sabía cómo. En la casa no habían elementos para depilar y no me iba a afeitar con la rasuradora de mi papá. Después de mucha insistencia, mi mamá me dio la opción de teñírmelos con blondor (decolorante al que se le agrega agua oxigenada y decolora los pelos). No me di cuenta en este tiempo si se notaba o no que estaban teñidos, hasta que una vez se me ocurrió dormir con la pasta puesta y amanecí con un bigote rubio, casi como de viejo pascuero. No tengo más recuerdo de eso, ni de cuánto me duró, pero debió haber sido demasiado notorio.

La jalea se acabó y de a poco empecé a entender cómo funcionaba la afeitadora. Por ahí había una y la empecé a usar para las piernas y las axilas. Ya no pedía permiso. Más de alguna vez saqué la de mi papá, porque era mejor. Y así sobreviví toda mi adolescencia usando afeitadora para las piernas. Con la pinza teníamos una relación de amor y dependencia absoluta. Pasaba horas, ahora con conocimiento de toda la familia, con la pinza y el espejo en la mano. Donde crecía un pelo, estaba la pinza. Fuera bigotes, axilas y cejas. El pelo loco en la pera también. Todo lo depilable se sacaba a punta de estornudos y lagrimones. No quería más pelos en mi cuerpo y menos en mi cara. Fueron años y años de locura por la depilación. Juraba que todo el mundo que me viera, sabría que había un pelo extra que había olvidado sacar. 

Cuando me regalaron la Epilady (¿se acuerdan? Pinchen sobre la foto y vean a cuánto la están vendiendo), la primera máquina eléctrica que salió que tenía unos resortes que tiraban los pelos por enganche, pensé que mi vida había cambiado para siempre... pero ¡Qué dolor! Era horrible. Pero decían que para ser bella había que ver estrellas. Yo llegué a otras galaxias, pero me aguantaba. Y funcionaba. Pero no era agradable y además era incómoda para tomarla, así es que la usaba muy de vez en cuando. Después apareció la Satinelle y ahí sí que el cambio fue maravilloso. Me la gané en un concurso de bloggers hace muuchos años. Esos rodillos que tiraban los pelos y a la vez daban un especie de masaje, fueron la solución al problema permanente. Y la empecé a usar para todo. Y aún la uso, aunque en una versión más moderna. Las pastillas anticonceptivas terminaron por arreglar el problema de los pelos... o no sé si será la edad o la depilación periódica que fue haciendo que las "matas" de vellos fueran atenuándose. Sea como sea, ya no son un problema.

De todas formas, seguí buscando alternativas a una depilación más definitiva y me fui a depilar los bigotes con láser. La primera sesión eliminé para siempre 3 cañones gruesos que me salían en el bigote. Juro que nunca más volvieron a salir. En una segunda sesión, la persona que me atendió le puso mucha potencia a la máquina y se me quemó la dermis, la capa interior de piel, y me quedaron unas costras internas que desaparecieron cuando cicatrizaron. Nunca más volví. 

Para cerrar el círculo de la depilación definitiva, compré hace un par de años la Lumia que depila con luz pulsada y si bien vi algunos cambios importantes, no me hice el hábito de usarla como indicaba el manual, así es que el tratamiento quedó a medias. Lo peor que me pasó con ella fue que probé con los dos brazos cerca del verano, cuando ya los tenía un poco bronceados. Calculé mal la intensidad (porque asumí que mi piel era morena y los pelos negros, cosa que no era tan verdad) y me quemé la piel. Me hice unas marcas cuadradas a lo largo de ambos brazos. El ardor esa noche fue tremendo y al día siguiente tenía los brazos como si me hubiera quemado con la plancha cada 5 cm. Horror! Anduve casi 2 meses con esos dibujos en los brazos, porque cuando la piel cicatrizó, lo hizo con mi color de piel real y había intervalos en que seguía bronceada. Aún así, sirvió. Así es que si la usan, tengan cuidado con la intensidad.

Ya en la actualidad, la depilación no es una prioridad en mi vida. Tengo muchas más cosas de las cuales preocuparme. En todo caso, la cantidad de pelos es muy inferior a la mi etapa de niña-adolescente-estudiante y ya no me preocupa si anda un pelo loco por ahí. Incluso ahora me dan risa. 

FIN

He probado varios productos y los que menciono a continuación están mi casa. 


Barrita de cera: La gracia que tiene es que se derrite con el calor del secador de pelo. Hay que buscar el punto de fusión perfecto para que no se quede muy dura pegada a la piel y poder tirarla con facilidad. Funciona para áreas chicas, en la cara, como bigote o cejas, es fácil de usar, no tiene olor. Tiene mi voto. El aspecto no es muy lindo porque derretido toma una forma un poco obscena. Pero es lo de menos.






Espejo con aumento x 10 y pinza: Las mejores pinzas son las que tienen punta o biseladas. Agarran hasta los pelos más difíciles. Son portátiles, fáciles de usar. El problema es que mágicamente se pierden y aparecen en cualquier parte. El espejo con aumento en lo máximo. Lo recomiendo si son obsesivas por los pelos.
Las pinzas de ferias de artesanía son de lata y luego de varios usos se les va saliendo una capa cromada que tienen encima y para mi gusto, podrían llegar a provocar alguna infección.Sugiero usarlas sólo para emergencias.


Afeitadora: La de la foto es una Venus. No son muy baratas, pero son buenas. Yo no la uso, a menos que tenga una emergencia. Igual está en la casa.

Vean este artículo sobre el "impuesto a lo rosa". Quizás si usan de éstas, les conviene comprar las de hombre.

Hay mujeres ZeroWaste que están usando unas metálicas que usan hojas desmontables "a la antigua", pero como yo no la uso, veo innecesario tener una de ésas. Quizás me motive alguna vez.

Satinelle: Para mí es lo mejor. Es eléctrica, no contamina, no se bota, es súper efectiva y no toma tanto tiempo el proceso de depilación. Los pelos recién aparecen luego de 3 semanas. No se puede usar en paseos ni campamentos, pero para una vida normal es muy práctica. Ésta es por lejos mi favorita.







La cera caliente en general no es de mi gusto para zonas grandes, pero conozco a varias amigas que la prefieren. Tengo la ollita que se usa sobre el quemador de la cocina, pero debe llevar como 2 años guardada, sin uso.





Y como dato final, conocí un par de mujeres mayores que se depilaban con piedra pómez... entre ellas mi abuela (QEPD).

A veces, sinceramente me da lata depilarme. Sé que hay mujeres que han optado por no hacerlo, pero no me uno a su causa. Que cada una haga lo que quiera con su cuerpo, lo respeto y me parece genial. Pero no me gustan los pelos y nunca me van a gustar, al menos no en mi cuerpo. 

Y Ustedes, ¿tienen alguna historia tan drámatica como la mía? Espero que no jaja
Y ¿qué método prefieren?







martes, junio 26, 2018

Razones de por qué nos mantenemos pobres

Suena duro, pero no me refiero a la pobreza de miseria o vivir con el sueldo mínimo. Defino pobreza como pobreza mental que no tiene que ver directamente con no tener plata, sin embargo se ve reflejado justamente en la escasez. Tiene ver con no ver más allá de lo que nos pasa día a día, de no tener tener visión.

Estuve escuchando un programa en Youtube y me pareció tan interesante que decidí que necesitaba transmitir esta información en el blog y de cómo yo veo esto y de lo que he estado haciendo para mejorar mi vida. Les dejo el link del vídeo AQUÍ y continúa ACÁ << 16 hábitos que nos mantienen pobres.

Un hábito es algo que tú haces repetidas veces hasta que se vuelve automático. Si tienes malos hábitos, los seguirás repitiendo incluso sin darte cuenta. Pero si tienes buenos hábitos, es lógico pensar que obtendrás beneficios de ellos.

¿Por qué nos mantenemos siempre en la misma condición económica? ¿Por qué por más que trabajamos no somos ricos? ¿Por qué nunca logramos llegar con el sueldo a fin de mes? Aquí hay algunas respuestas que pueden ayudar a esclarecer estas preguntas.

- La gente pobre no lee: puede que te guste leer el diario, revistas de moda o cómics, pero en realidad eso no aporta en nada a tu riqueza mental. ¿Cuántos libros lees al año? ¿De qué tipo? No basta sólo con leer novelas románticas o de terror. Si quieres dejar de ser pobre, es importante que te des el tiempo de leer sobre cómo otras personas han logrado ser exitosas, de cómo mejorar cada día, leer sobre otras visiones de la vida, de cómo otros han superado sus obstáculos. Yo he estado leyendo distintos libros sobre auto
conocimiento, sobre hábitos, sobre cómo enfrentar problemas y créanme que me ha ayudado un montón en mi proceso de crecimiento personal. Ojo que puedes encontrar disponibles gratuitamente en PDF en internet.

- La gente pobre no invierte en conocimiento: si no eres capaz de invertir tiempo (no necesariamente dinero) en ti mismo, entonces nadie lo hará por ti. Las empresas pagan cursos a sus trabajadores no pensando en su crecimiento personal, si no en mejorar lo que puedas aportarles a ellos. Si no tienes tiempo de ir a cursos presenciales, escucha audios. Está lleno de seminarios en internet a los que puedes acceder de forma gratuita. Últimamente me he dedicado 100% a "escuchar" vídeos en Youtube aprendiendo sobre cómo ser emprendedor y no morir en el intento y podcasts de hábitos para mejorar tu calidad de vida y optimizar el tiempo. Escucho entrevistas a gente que ha logrado formar sus negocios por internet, personas que han logrado fortunas, y me doy cuenta que esas otras visiones han aportado mucho a darme cuenta de las falencias que he tenido durante todo este tiempo. (Escribí escuchando videos, porque los escucho en el trabajo mientras hago otra cosa). }
Si tienes posibilidades de asistir a seminarios y cursos de temas que te interesen, hazlo.

- La gente pobre nunca tiene tiempo: Hay personas que cuando les preguntas sobre sus pasatiempos, te dicen que no tienen tiempo para eso. O que esperan el fin de semana para ordenar la casa en vez de ocupar ese tiempo en salir a pasear o hacer deporte. Me sumo a los que no nos hacemos el tiempo constantemente para hacer deporte. Con mejores hábitos de sueño, sin perder el tiempo viendo programas de televisión que no aportan en nada, en vez de estar durmiendo hasta tarde el fin de semana, deberíamos ocupar ese tiempo disponible en hacer lo que nos gusta. Durante la semana, si estamos todo el día ocupados en el trabajo que no nos gusta, deberíamos usar el tiempo de estar en casa para mantener ordenado y no tener que ocupar el tiempo de descanso durante un sábado. He leído que las primeras cuatros horas desde que despiertas son las más productivas. Si te levantas a las 2 de la tarde, en realidad no vas a lograr hacer nada que valga la pena. Estoy tratando de levantarme más temprano día a día. Cuesta, pero creo que lo voy a lograr pronto.

- La gente pobre no tiene metas y no planifica: Hay personas a las que si les preguntas qué harán el fin de semana no tienen nada programado. Quizás vean televisión, quizás salgan a pasear, quizás esto o lo otro. No estoy diciendo que haya que tener un calendario para todo, igual vale la espontaneidad, pero es un ejemplo de no tener metas. Si te pregunto dónde te ves en un año más, probablemente me digas que esperas mantener el trabajo y nada más. Es bueno proponerse metas. Les cuento que yo no quiero dedicarme toda a mi vida a hacer lo que hago. No quiero seguir siendo ingeniero durante toda mi vida. Es mi profesión, pero no es a lo que me quiero dedicar. Por ahora es una forma de generar los recursos que me permitirán lograr mi meta (no les cuento aún de qué se trata, porque estoy estudiando día a día). No dejo el trabajo por miedo. Y ese miedo debo perderlo y lo haré cuando sienta que tengo todas las herramientas para hacer lo que tengo en mente.

- La gente pobre ahorra lo que sobra: y como no sobra, no ahorra. ¿Cuántos de Ustedes llega con saldo positivo a fin de mes? Yo por fin, logré hacerlo este mes. Lo encuentro súper triste. Triste porque me di cuenta que tenía una idea aproximada de los gastos mensuales y no con certeza cuánto era lo que realmente podía gastar. A fines del año pude decir adiós a la deuda que tenía con mi línea de crédito y por fin ahora, eliminado seguros innecesarios y algunos pagos invisibles (comisiones por mantención de tarjeta, entre otros) logré llegar con un número azul a fin de mes. Con el tiempo sé que será cada vez mejor. La propuesta del ahorro es vivir con menos. Definir un monto que sea al menos el 10% de tu sueldo y enviarlo a la cuenta de ahorro, a la alcancía, a un fondo de inversión o lo que sea. Pero no lo consideres dentro de tu monto disponible del mes a gastar. Ya verás cómo ese monto irá generando frutos y ¿quién sabe? Podrías irte de vacaciones en verano sin endeudarte o cambiar el auto o comprar un mueble o seguir ahorrando para comprarte una casa.

- La gente pobre usa mucho las tarjetas de crédito: No hay nada malo en comprar un refrigerador o un comedor en cuotas. Pero no es posible que alguien pague una ida al cine o una compra de supermercado básico en cuotas. Eso no se puede ser. Caes en una cadena de deudas espantosa y luego va a ser muy difícil salir. La tarjeta aguanta todo. No pagues el pago mínimo, lo único que haces con eso es pagar los intereses y la deuda sigue creciendo. Me sumo al uso de las tarjetas de crédito, pero aprovechando las ventas sin interés o pagando en una sola cuota.

- La gente pobre tiene muchos gastos ocultos: Hay personas que por la comodidad de tener un supermercado al lado de casa, no cotizan y siempre compran en el mismo lugar. Me he dado cuenta de diferencias importantes en precios de muchos productos que habitualmente en los supermercados de barrios altos son mucho más caros que en los mayoristas o los supermercados de otros barrios. Coticen. Por otro lado, volviendo al punto anterior, no miden el gasto de las comisiones por uso de tarjetas (de grandes tienda por ejemplo)

- La gente pobre ve demasiada televisión: Esto provoca que además se produzcan necesidades no básicas, mediante los comerciales. La propaganda en televisión justamente está enfocada en esas personas pobres de mente que se ven atraídas por lo que ofrece la tele. Pierden demasiado de tiempo al día sentadas frente a una pantalla sin producir absolutamente nada. Algunos llegan a tanto que son capaces de quedarse dormida frente al monitor. La gente rica no ve televisión. Yo no soy rica, pero hace tiempo que dejé de verla. No me interesa perder tiempo en ello. Esto no quita que de vez en cuando pueda ver algún programa puntual. No he eliminado el plan de cable, porque viene asociado al plan de internet de la casa y ése sí que lo ocupo muchísimo cuando estoy en la casa. (Ya averigüé y no logro mejorar lo que tengo contratado).

- La gente pobre no se atreve a salir de zona de confort: No nos gustan los riesgos. Nos cuesta mucho salir de lo que estamos acostumbrados. Nos educaron para estudiar y obtener un empleo. No nos educaron para ser arriesgados, para ser emprendedores e invertir. Sin embargo, hay que aprender a asumir riesgos para salir de donde estamos si no estamos conformes.De a poco estoy armando mi colchón para lanzarme al estrellato jaja. También tengo miedo, pero cada día me voy dando cuenta que ese miedo es el que me frena. Porque hay gastos que tengo que hacer sí o sí y por eso me mantengo en el trabajo en el que estoy. Más temprano que nunca, el momento llegará.

- La gente pobre es tóxica:  Una regla para no caer en la toxicidad es dejar de quejarse. Estamos tan acostumbrados a quejarnos que cuesta salir de eso. Sobretodo a mí que más encima he sido gruñona desde niña. He aprendido a no transmitir emociones molestas y por lo mismo a no compartir con gente venenosa. Las personas que sólo traen problemas a las conversaciones intoxican. También aquéllas que no saben escuchar, que sólo piensan en qué responder cuando les hablas, en vez de poner atención a lo que tú les estás hablando (de esto tratará el próximo post). Son tóxicas las que le echan la culpa de sus problemas a los demás, al gobierno, al vecino, al jefe, etc. Y chao con esas personas que dicen "Estoy bien, pero se me va a pasar". Aunque sea broma, me carga escucharlas.

- La gente pobre no se levanta temprano (no corre para los que trabajan en la feria o similares): Suena el despertador y no nos levantamos de inmediato. Uff qué difícil hacerse el hábito de salir de un salto de la cama con la intención de aprovechar al máximo al día. Esto pasa por falta de metas. En general se da mejor para los que tienen empresas. Quizás la falta de motivación de levantarse (me incluyo) es porque hay que llegar al lugar de trabajo que no nos hace plenamente felices.

- La gente pobre no tiene un círculo de influencia: Si quieres lograr grandes cosas, debes juntarte con gente que te pueda enseñar, que permita llenarte de información de cómo ha logrado el éxito. No dejes que personas que no creen en tus metas te influencien. No sirve rodearse de gente que sólo quiere carretear o que sólo habla de fútbol o que no aporta en nada en tus propósitos de superación y aprendizaje.

- La gente pobre no escucha: Este tipo de personas sólo se preocupa de lo que ellas dicen. No son capaces de escuchar o entender otras opiniones si no se adecuan a sus propias ideas. No le interesa escuchar consejos ni mejorar sus hábitos. No le interesa aprender nada que no sea algo que le sirva para su trabajo puntual. Es difícil tratar con gente que no sabe escuchar, porque no se puede entablar una conversación. Me ha pasado con personas que cuando les hablo cosas que no conocen, no se interesan u opinan cualquier cosa porque no tienen idea y lo peor es que no les interesa saber.

He sido pobre durante mucho tiempo y me cansé. Por eso me gustó tanto esta información. He estado aprendiendo muchas cosas que se ven reflejadas en esto. Quiero ser rica. Y si todo va bien, quizás llegue a ser millonaria. Pensando así, es más probable que ocurra que si no lo creo :D



lunes, junio 18, 2018

Cómo llegué a llenarme de objetos

Salimos de la casa de mis padres en Febrero del año 2011. Un par de años antes ya tenía la idea de mudarme con la Fran, estaba cerca de los 30 años y necesitaba mi independencia. Estuve ahorrando de lo que ganaba en mi trabajo para comprar una casa y se estaba haciendo muy largo el proceso de ahorro. No lograba reunir mucho y veía cómo pasaba el tiempo. Sin embargo, igual me propuse que en algún momento me iba a ir. Empecé a buscar ofertas en internet, busqué muebles y electrodomésticos y fui comprando en la medida que me fuera posible. Como en la casa de mis padres había una bodega grande*, pude ir almacenando estas compras. Logré dentro de poco más de 1 año reunir un refrigerador, un microondas, una lavadora, una mesa de comedor con 4 sillas, una cocina con horno a gas, dos muebles tipo rack, y el verano antes de cambiarme (ya había logrado obtener un crédito hipotecario con ayuda de mi papá) y para la Pascua todos mis regalos fueron para la casa: un juego de vajilla y una batería de cocina, una aspiradora, cubiertos, una panera, un abrelatas y vasos. De mi habitación tenía un mueble tipo sécrétaire que usaba para mi ropa y cositas personales, la Fran tenía su cama, nos llevamos unos veladores, ropa de cama, toallas. Todo lo que se entiende como básico para un hogar. En enero me entregaron la casa y empecé a llevarme las cosas de a poco. 

(*bodega grande: está llena de cosas que alguna vez podrían servir... es de familia el tema de la acumulación o del "atesoramiento de recuerdos") 

Y aquí parte la historia...

Si bien junté lo necesario para poder comenzar nuestra vida en la nueva casa, partí cometiendo un gran error, que sólo ahora, después de muchos años logré visualizar. Aparte de lo mencionado anteriormente, que era lo BÁSICO, también me llevé una elíptica, todos los archivadores que tenía con apuntes de la Universidad (ya había salido hace 3 años) y jamás los había usado, pero pensé que alguna vez podrían servirme*. Compré ofertas de utensilios de cocina, de baño, alfombras, cubrepisos, cuadros, espejos, etc. Todo iba relativamente bien hasta que de repente me empezó a faltar espacio para almacenar y compré un clóset usado a una amiga, adapté un espacio pequeño bajo la escalera* que se convirtió en clóset con repisas, hice otro pequeño clóset en el segundo piso para guardar más cosas. Siempre me quejé de que la casa tenía pocos espacios para almacenar. Nunca pensé que lo que pasaba era que tenía muchas cosas y que no necesitaba tantas. Compré un sofá de 2 cuerpos, luego un sofá de 1 cuerpo, luego X me regaló el compañero de ese sofá individual y se llenó el espacio destinado al living comedor. Cabe detacar que además mi casa en ese tiempo sólo tenía 29 m2 disponibles en el primer piso y lo mismo en el segundo, por lo que como comprenderán, el espacio era mínimo y estaba todo LLENO. Me pasaba a menudo que decía "este fin de semana tengo que ordenar". No iba a almorzar con mis papás porque estaba ordenando. No salía durante un fin de semana porque tenía que "terminar de ordenar". Le decía a mi nana que no tocara nada "porque estaba ordenando" y eso implicaba no hacer aseo en ese lugar. Cuando entraba alguien a la casa les decía "disculpen el desorden, es que estaba ordenando". Ufff!!! ahora que lo recuerdo, fue realmente AGOTADOR y lo encuentro tan absurdo. 

La constructora: Se me ocurrió emprender con una pequeña constructora y lamentablemente no tenía ningún espacio donde almacenar las cosas que sobraban de las pequeñas obras. Adivinen dónde terminaron: en mi casa. En el patio, en la pequeña bodega armable que tuve que comprar para seguir guardando más cosas. Había materiales de construcción, maderas, metales, herramientas, pinturas, etc. Un desastre. Para más remate, tenía dos perras que dejaban la cagada en el patio, hacían hoyos, destruían todo, por lo que vivir en mi casa se volvió muy cansador. El sueño de mi casa linda y ordenada nunca pudo ser. Además que invité a vivir conmigo a X lo que duplicó la cantidad de cosas almacenadas y el desorden era permanente. Decidí cerrar la constructora y poco después X por fin se fue de la casa (fue un gran error haberlo invitado), eliminé parte de los materiales que estaban en el patio, corté las maderas para transformarlas en leña, vendí baldosas, pinturas, fieltro, etc y logré un estado de paz... pero no acabó el desorden. 

La casita de cumpleaños: Después del fallido emprendimiento de la constructora, seguía con ganas de tener un negocio y un día que fui a buscar a mi hija a un cumpleaños, me dijeron que la casita estaba en venta, que la dueña vendía el negocio con llave en mano (el negocio, no la casa). Tiempo atrás había pensado que podía ser un buen negocio y me conseguí la plata y lo compré. Partió todo súper bien, me generaba buenas ganancias al comienzo. Quedé sin trabajo poco después de haber comenzado con este negocio, me dediqué al 100% durante 6 meses y me di cuenta que no era tan rentable como esperaba, al menos no me permitía vivir (afortunadamente el despido me permitió tener un monto de plata asegurado cada mes). Aquí también cometí errores, porque compré muchas cosas que servían para decorar, pero me excedí. Para poner un número, creo que ocupé 1/8 de las cosas que adquirí pensando en decoración: washi tapes, papeles de regalo, cintas, blondas, papeles decorativos, stickers, frascos, etc. El negocio funcionó bajo mi administración no recuerdo si 2 o 3 años. Lo cerré en diciembre del año 2016. Hice una venta de bodega extendida durante casi 1 mes. Vendí CASI todo. El mobiliario se fue rápido, incluidos los juegos, las pelotas de la piscina, cortinas, bancas, microondas, refrigerador, estufas, etc. Todo eso fue fácil de vender. Sin embargo, me costó vender las decoraciones pequeñas y tuve que llevarme todo lo que sobró para mi casa. En enero del año pasado volvía a tener una casa y una bodega repleta de objetos. No había dimensionado que dentro de todo lo que tenía que llevarme habían tarros de pintura, sprays de colores, herramientas, manguera, bidones de parafina, ampolletas, manteles, disfraces, muebles, cajas plásticas, lámparas de papel, piñatas, etc. Me negaba a regalar las cosas, porque quería recuperar parte de la inversión. No podía sólo entregarlas. De a poco vendí varias cosas, pero hasta antes de la ampliación de mi casa (fue en diciembre 2017- enero 2018), todavía tenía muchas cosas en la bodega. Me armé de valor y empecé a regalar algunas cosas. Tuve casi 1 año un montón de piñatas guardadas en la bodega, hasta que ya no pude más y las regalé. 

La venta de ropa usada: Aquí la terminé de embarrar. Siempre he vendido la ropa que dejo de usar. Lo hacía cuando estaba en la Universidad. La embarré cuando ofrecí vender ropa de otras personas. Me llené de sacos con ropa en la casa y la bodega (pobre bodega). Pude vender varias cosas, pero no a un ritmo que permitiera liberar el espacio de forma rápida. Tuve un maniquí en el living durante varios meses, las bolsas con ropa debajo de la escalera (otro espacio distinto al otro que mencioné antes). Y en un momento colapsé y decidí devolver la ropa a sus dueñas y REGALÉ casi toda la mía que tenía para vender. Recibí algunas plantitas a cambio... 

Y así parte esta nueva historia...

La nueva historia parte hace proximadamente 7 meses cuando decidí hacer la ampliación de mi casa y a la vez decidí que no estaba dispuesta a llenar esta nueva casa con las mismas cosas que no me gustaban. Tomé conciencia de lo mal que me hacía tener tanta acumulación. Escribí sobre esto hace un par de meses. (Revisa aquí).  Me negaba a aceptar que había cosas que no necesitaba. Mis pensamientos típicos eran que podrían servir alguna vez. ¿Cómo las voy a botar si están buenas? Me costaron caras. Está nuevo, no puedo botarlo. Etc. ¡¡Y no!! no sirvieron, no servían y no van a servir, al menos a mí no.


Esta nueva historia, es un cambio radical a ese estilo de vida que me tenía enferma. En ese clóset que tenía bajo la escalera ahora tengo un baño. En el clóset del segundo piso, guardo sábanas y toallas y ahora me sobra espacio. Eliminé (vendí) un estante que usaba sólo para adornos, vendí una cajonera que usaba en la leñera para guardar porquerías que nunca sirvieron. Desarmé un estante en la leñera donde tenía muchos tarros de pinturas y otras cosas sin uso. Vacié 7 cajas plásticas grandes, vendí/regalé casi todo su contenido y las mismas cajas también. En resumen, me he desecho de muchos objetos que hasta hoy no he vuelto a necesitar y tampoco me hubieran servido. ¡Quemé mis diarios de vida! Alguna vez pensé en cuántos kilos he sacado de "peso" de mi casa y estimo que puede ser al menos una tonelada.


El gran paso ya lo di. Aún sigo dándome cuenta de lo que sobra en casa. Hemos estado "vaciando" mi clóset y el de mi hija. Lo rico de todo es que si bien soy yo la que ha tomado este camino, se contagia. La Fran también tomó conciencia y ahora aporta al orden de la casa.

Tenemos ciertas "reglas" que ayudan a no acumular y que les cuento a continuación:

- Si entra algo nuevo, debe salir algo viejo
- No tendremos nada repetido
- No se compra nada a menos que sea necesario para algo en particular
- Si podemos conseguir algo prestado para alguna actividad en particular, no compraremos 
- No guardaremos nada que no tenga utilidad inmediata en el corto ni el mediano plazo
- No guardaremos cosas que no nos gustan
- No compraremos ni comida ni cosméticos hasta que lo que hay se acabe (o esté a punto de acabarse)
- Dormiremos más horas
- Ordenaremos justo después de desordenar

Son reglas super fáciles de cumplir y súper lógicas. Sin embargo, cuando has estado mucho tiempo  viviendo bajo cierto estilo de vida, hay que adaptarse y generar nuevos hábitos (post de los nuevos hábitos aquí). 
   



Ésta es mi historia de la acumulación y de la desacumulación. Como ven, fueron años de errores de acumulación involuntaria. Sin ningún conocimiento sobre miimalismo partí deshaciéndome de cosas. Le llamé desapego en su momento. Una amiga me mostró a Marie Kondo y de ahí en adelante empecé a averiguar sobre minimalismo, orden, hábitos y he logrado cambios profundos a nuestra forma de vivir, en poco tiempo. Ojalá les guste esta historia y se motiven a mejorar su calidad de vida si están sumergidos en la acumulación progresiva involuntaria. Creo profundamente que nadie quiere ser acumulador. Es algo que pasa y no nos damos cuenta, por eso con esto pretendo dar un remezón a quien le sirva y un empujoncito ayudarlos a sentir que sí se puede.


miércoles, mayo 23, 2018

No tengo tiempo

Apostaría un chocolate a que más de alguna vez has dicho todas o algunas de estas típicas frases:

- No tengo tiempo
- Me falta tiempo
- Necesito que el día dure 30 horas
- No puedo por falta de tiempo
- Etc...

¡Gané!


La rutina y las actividades obligadas del día a día no nos permiten hacer todo lo que quisiéramos hacer en un solo día. Nos dedicamos a postergar eternamente - a procrastinar - actividades o tareas que "si tuviéramos el tiempo suficiente" haríamos.
Muchas veces tenemos esa sensación de falta de tiempo y pensamos cosas como las siguientes:

- Tengo que colgar ese cuadro, pero no he tenido tiempo
- Cuando tenga un tiempo libre, voy a ir a comprar esa ampolleta que falta
- Si tuviera tiempo, podría hacer las fundas de los cojines
- Me falta tiempo para hacer ese curso de carpintería que tanto quiero hacer

Por otro lado, existen personas que siempre tienen "su agenda" copada, llenos de actividades o miles de cosas por hacer. Cuando quieres juntarte con alguno de esos eternos ocupados, debe revisar su agenda para ver si tiene un espacio para ti. Sinceramente no creo que tener esa agenda llena de obligaciones a una persona la haga muy feliz, digo obligaciones, porque si son actividades que lo hacen sentirse bien, no habría ningún problema con aquello. De lo contrario, pobre de él.

Resultado de imagen para silla con ropaEl concepto de procrastinar es muy habitual en muchas personas. Dejar todo para después, no darle prioridad a tareas que podrían resolverse muy rápido, pero que por ABC motivos no se les da la importancia y pasan y pasan los días sin resolverse. Un ejemplo de esto, es la frase que puse anteriormente: "Tengo que colgar ese cuadro, pero no he tenido tiempo". Seamos objetivos. Colgar un cuadro toma con suerte 1 minuto de nuestras vidas. Pueden ser hasta 5 minutos si es que hay que hacer un agujero en la pared o si hay que ir a buscar la caja de herramientas a la bodega, pero no es más que eso. Y muchas veces, preferimos dejar el cuadro en el suelo o encima de un mueble con tal de no hacer la actividad previa a colgarlo. Así pasa con un sinfín de cosas: La ropa que queda amontonada encima de "esa silla" (o la elíptica o lo que sea) en la habitación, los zapatos que quedaron la sala de estar, la mancha en la pared por la salpicadura de café, los tornillos que quedaron afuera de la caja, la reparación de la mesa coja, el sello de la llave del lavaplatos, el lavado del auto, etc. He escuchado a muchas personas decir que no tienen tiempo o que simplemente les da lata, pero para estar echados viendo alguna serie en la TV sí tienen tiempo (y eso sí que al menos para mí es una pérdida de tiempo, a menos que esté haciendo algo más a la vez).

Todos tenemos 24 horas al día y hay personas que las aprovechan más o menos de acuerdo a sus propias convicciones o formas de vida. He escuchado a algunos minimalistas que maximizan su tiempo y se levantan más temprano que el resto de las personas para aprovechar bien el día. Desde las 5:30 am parten el día haciendo ejercicio, revisando temas del día anterior (correos, trabajos, apuntes o lo que sea), por tanto cuando "empieza el día" ya tienen resueltos algunos temas y eso les permite aprovechar mucho más la mañana. Lo encuentro genial y quiero hacerlo, pero por ahora sólo he logrado despertar 15 minutos antes de lo habitual (y con la ayuda de la alarma). 

Decidí escribir sobre esto porque he tratado de motivar a varias personas a que hagan lo que yo he hecho, limpiar la casa y nuestros espacios vitales. Muchas me han dicho que no tienen tiempo. Cuando cuento lo que he estado haciendo en mi casa me dicen "Ohhh yo también necesito hacerlo, pero no tengo tiempo" y su cara de decepción en enorme. ¡Ojo! Yo también trabajo de forma dependiente, cumplo horario, tengo hija, voy al supermercado, cocino, etc. Esas excusas no son válidas cuando uno se propone hacer algo. Pero debes convencerte de que lo que hagas por ti, por tu casa y por tu familia tendrá un efecto positivo en muchos aspectos de tu vida.

El método Konmari dice que hay que organizar por categorías y todo de una sola vez, porque si no nunca acabarás. Yo lo hice así para empezar, pero efectivamente necesité de uno o dos días para hacerlo. Pero esos 2 días de todo lo que me queda por vivir son insignificantes y por ello decidí que tenía que hacerlo, porque si no lo iba a hacer nunca: procrastinaba. Pero como entiendo que no todos quieren dedicar TANTO tiempo al orden, recomiendo partir eliminando un poco de cada cosa en distintos lugares de la casa. Atacar un cajón y botar* todo lo que ahí no sirve, y así con los closets, muebles de cocina, baño, etc. Después vendrá la etapa de reunir todas las cosas por categorías y clasificar correctamente cada objeto en su lugar < y aquí deberás dedicar tiempo para no dejar a medias lo comenzado.

Te invito a que apenas se te ocurra hacer algo, lo hagas, porque si lo dejas para después, será eterno. Si ven un papel que hay que guardar, guárdalo. Si se sale un botón de tu camisa, cóselo. Si se ensucia algo, límpialo/lávalo. Si debes ir al doctor, pide la hora y ve. Si quieres empezar un dieta, empiézala y síguela. Adopta como hábito hacer las cosas en los momentos precisos o al menos prográmate y/o ponte plazos máximos para ejecutarlas. En serio que funciona y se siente bien.

¡No procrastines! 

*botar: vender, regalar, donar, botar 

Sígueme en Instagram donde hablo de estos temas y más @organiza_y_simplifica_tu_vida

lunes, mayo 14, 2018

15 hábitos domésticos en proceso

En este proceso de antiacumulación, tengo como objetivo llegar a tener una vida libre de objetos que no son necesarios, lo más cercano al minimalismo posible. No apuesto por el minimalismo puro, porque siento por ahora que no estoy suficientemente preparada y además, aún estoy en el camino de limpieza y desapego. Cada día es más fácil, pero no puedo decir: "soy minimalista", porque estaría mintiendo tanto a Ustedes como a mí misma.

Aparte de toda la limpieza profunda que he estado haciendo en mi casa (decluttering), he adoptado algunos hábitos que irán permitiendo de a poco disminuir cosas innecesarias, evitar el uso de todos los espacios disponibles dentro de muebles, cajones y encimeras, simplificar la limpieza y orden, además aliviar la carga diaria de cosas por hacer y permitirme ahorrar un poco.


Hice una lista de 15 hábitos que he estado adoptando y/o que pretendo adoptar en el corto plazo. Se los comparto para que se motiven a organizarse. Lo mejor es que no cuesta nada. Sólo tener las ganas.

1. Dejo hecha mi cama antes de salir en la mañana. Es muy agradable llegar a la casa y que las tareas básicas estén hechas. Tengo nana dos medios días a la semana, por lo que debo hacerme cargo de todas las labores durante el resto del tiempo. Hacer mi cama en la mañana ya es un hábito y no me siento bien si no lo hago.

2. Estoy despertando un poco más temprano. No he logrado aún salir de la cama antes de lo habitual porque me da frío, pero despierto 15 minutos antes, lo que me da espacio para revisar el teléfono y no perder tiempo en eso cuando llego a la pega. 

3. Cada vez que voy a echar bencina, lleno el estanque. Uno, porque no me gusta ir muy seguido a la bencinera, y dos, porque se pierde tiempo en eso y prefiero perderlo la menor cantidad de veces posible.

4. Hago compras de supermercado una vez a la semana y hacemos una lista con la Fran. Ya no hago el pedido del mes. Generalmente es sólo para comprar los perecibles como los lácteos, jamones, algunas verduras (con lo caras que son) y cereales de la Fran. Con esto me aseguro que lo que estoy comprando se acaba y no sigue guardado eternamente en la despensa y además estoy controlando más los gastos en cosas innecesarias. He botado varias veces en este último tiempo varios productos vencidos, algunos de ellos del año ¡2016! Me falta todavía hacer la planilla en Excel para el control exacto de gastos, pero ya la estoy creando. 

5. Cocino varios platos simultáneamente para ahorrar tiempo en la cocina. No me declaro una masterchef ni nada parecido, pero opté por cocinar, porque no me estaba gustando como cocinaba la nana (siempre lo mismo: tallarines, arroz, puré) y además como no puedo comer todo lo que existe en el mercado, prefiero hacerme mis comidas más ricas, más variadas para poder comer con ganas y disfrutar lo que como. Así he logrado que la Fran coma verduras salteadas, zapallo italiano, quinoa, camote, acelgas, espinacas, champiñones, etc. Varias veces cocinamos juntas y es súper chori.

6. Lavo la loza cada vez que la uso. No espero acumular un lavaplatos lleno de cosas para lavar. Uno, porque el lavaplatos es chico y con pocas cosas ya se llena; dos, porque me da asco tener lleno de cosas sucias y tres, porque me he vuelto un poco maniática del orden y me siento mucho mejor cuando está todo guardado (o al menos lavado).

7. Lavo ropa dos veces a la semana. Una para la ropa blanca y otra para la ropa de color. No quiero perder tiempo colgando/guardando ropa a cada rato. Prefiero hacerlo por varias cosas pero sólo una vez.

8. Cuando me voy a acostar guardo todo lo que usé durante el día. Dejo la ropa sucia donde corresponde, cuelgo y guardo lo demás. Ya no dejo la ropa esparcida por cualquier parte. Demoro un minuto en guardar todo y duermo con la pieza ordenada y despejada.

9. Ya casi no tengo bolsas plásticas. Uso bolsas reutilizables para el supermercado. Ya llevo más de 3 meses haciéndolo y se me volvió costumbre llevarlas. Cada vez que compro las vuelvo a guardar inmediatamente en el auto, para que no se me queden. De esta forma además, no ocupan espacio dentro de la cocina. Compré unas bolsitas de tela para poder ir a comprar las verduras al supermercado y no usar bolsas plásticas, pero aún no llegan (las encargué en Aliexpress). Espero en un mediano plazo poder usar cajas plásticas para comprar los embutidos. 

10. Leo cada vez que tengo un espacio para hacerlo. No veo series en Netflix, porque prefiero leer e instruirme en temas que no conozco. Y si llego a ver algo de tele, lo hago haciendo otra cosa al mismo tiempo. Encuentro una pérdida de tiempo (irrecuperable por cierto) hacer sólo eso. En un tiempo más, voy a dejar los libros en papel y sólo voy a  usar mi Kindle o la Tablet. Pero aún tengo algunos pendientes que me queda por leer y en realidad confieso que me cuesta mucho dejar la magia del papel. Es cuestión de costumbre.

11. Hace al menos 3 meses que no voy al Mall a mirar ropa. Es más, he vendido chaquetas, parkas y zapatos que ya no estaba usando y que me daba pena eliminar. Con esto logré desocupar espacio en el clóset, mi ropa está más libre, puedo elegir más fácilmente qué ponerme y tengo claridad de lo que tengo. Todavía me falta eliminar varias cosas que tengo "en observación" y que estoy viendo que no he usado en varios meses. 

12. Eliminé mis suscripciones a todas las páginas de ventas y/o tiendas, y cada vez que me llega información basura al correo, la elimino. No pedí recibir esa información, por lo tanto no necesito verla. 

13. Eliminé varios seguros que estaba pagando, perdiendo una gran cantidad de plata al mes. Tomé conciencia de la cantidad de plata que se iba al mes pagando seguros innecesarios y quedé impactada. Así es que no más. Voy a "ahorrar" aprox $30.000 por dejar de pagar dichos seguros.

14. Desde hace poco estoy usando Google Calendar y anotando las tareas pendientes en Google Keep. Estas dos herramientas me han ayudado a organizarme mejor y no olvidar mis compromisos. Las tengo descargadas en mi teléfono y tablet.

15. No dejo cosas para después. Cuando veo algo que hay que reparar, lo hago inmediatamente o me doy un plazo máximo. Si no lo hago cuando lo detecto, después se me olvida y pueden pasar meses hasta volver a tomar la idea de hacerlo. Esto se llama no procrastinar. 

Por ahora éstos son hábitos domésticos que he estado adoptando para gestionar mejor el tiempo y lograr de alguna forma ahorrar. No estoy en contra del capitalismo, pero sí me he vuelto una enemiga del consumismo excesivo. No voy a ser más feliz teniendo más cosas. Justamente todo lo contrario. He descubierto que teniendo menos, me siento mejor. Aspiro a tener menos cosas pero todas de mejor calidad. Es un proceso a mediano/largo plazo, pero paso a paso lo voy logrando.





lunes, abril 23, 2018

Desafío 30 Bolsas en 30 Días

El nombre es un plagio, lo sé, aunque el desafío oficial es el que les conté hace aproximadamente 2 meses que se llamaba 40 Bags in 40 Days. Encontré tan enriquecedor haber participado de ese grupo en Facebook (y sigo en él) que sentí un deber conmigo misma y con el mundo de transmitir el mensaje: se puede vivir con menos, se puede eliminar cosas que nunca van a servir, se puede organizar una casa no sólo por mantenerla ordenada, sino para sentirse mejor con uno mismo.

En marzo abrí un grupo en Facebook para mis amigos y conocidos con la idea de entregar toda la información que he ido adquiriendo y que la vez ellos vayan invitando a más personas para hacer un gran grupo de apoyo para aquellas personas que no se sienten con fuerza o motivación o que no se les haya ocurrido que en realidad en sus casas hay más objetos de lo que necesitan para vivir. 

La mayoría somos mujeres. Creo que nos importa más el tema de nuestras casas y estamos mucho más involucradas. Lo entretenido de todo, es que los hombres se van contagiando igual y los hijos también. La gracia está en el contagio insconciente, al ver espacios despejados y ordenados, sin pensarlo mucho uno tiende a mantener ese orden. En todo caso, hay que trabajar porque eso resulte.

Ya llevo casi 4 meses en este proceso de eliminar acumulación innecesaria en mi casa y aún no termino. Con este nuevo desafío y estando a la cabeza en la motivación del grupo, espero poder cerrar el ciclo de una vez por todas para mi casa. El progreso ha sido maravilloso y me queda tiempo libre para hacer lo que me gusta hacer: leer, cocinar, salir, cantar, etc. 

No se trata de tener mucho tiempo. Es verdad que para ciertas cosas es necesario un tiempo mayor si la acumulación es muy grande, pero a medida que vamos progresando es cada vez menos el tiempo que se necesita. Con 15 minutos diarios puedes desechar cosas del baño o de la cocina. No demoras mucho en revisar todos los envases y ver sus fechas de caducidad. Las bolsas o cajas con "cosas que alguna vez pueden servir" también son fáciles de revisar. Los cargadores y cables si no tienen dueño, debes desecharlos. Los calcetines sin pareja no sirven. Los lápices sin tinta tampoco. La sábanas o toallas con hoyos tampoco debes guardarlas... no se trata sólo de tiempo. Se trata de voluntad. 

Y ojo que no basta con eliminar una cosa al día porque cuando vayas de compras es probable que vuelvas con una cantidad similar a la eliminada y verás que vuelves a lo mismo. La decisión debe ser drástica. 

De a poco me he ido instruyendo en este tema del minimalismo, así es que si tienen preguntas, pueden hacerlas aquí abajo. Éxito!!

Yo ya partí con la primera bolsa de este nuevo desafío. Pongo aquí algunas fotos de su contenido, para que vean que en cuanto a ropa no sólo se trata de eliminar ropa vieja y en mal estado, sino que aquélla que no hemos usado en mucho tiempo, que nos queda la talla, que no nos hace sentir cómodas o simplemente que no nos hace felices.






Aquí abajo, dejo un check list de todos los elementos que deberíamos revisar de modo de establecer un orden en cuanto a lo que resulta más facil a lo más dificil de revisar/desechar.

No olvidar que no estoy incentivando de botar todo a la basura. Primero separa lo que vas a conservar, luego lo que vas a regalar/donar, lo que se puede reciclar y luego lo que vas a botar.


Y para cerrar, a modo de motivación, les dejo el link a la página de Los Minimalistas. Tienen un documental muy bueno en Netflix que muestra cómo el mercado nos ha ido obligando a consumir cada vez más para "ser felices", pero esa felicidad finalmente no llega con las cosas... Véanlo. Vale la pena. Yo lo vi el sábado :D

Saludos!









viernes, abril 20, 2018

Limpieza digital

Si hay algo que me resulta muy cómodo es pagar y comprar por internet. Creo que es un gran invento. Poder pagar las cuentas básicas de luz, agua y gas, además del cable, el celular, grandes tiendas, entre tantas otras evitando tener que ir a cada una de las sucursales de cada empresa, hacer fila y perder tiempo, es lo mejor del mundo. Junto con estos pagos por internet, además me envían el comprobante de pago a mi cuenta de correo, por lo que puedo tener registro de cada uno. Mentiría si digo que los uso alguna vez, pero al menos sé que los tengo guardados de forma virtual.

Así como pago cuentas, también me inscribí - o me inscribieron de forma automática - a varias newsletters (no sé cómo traducirlo) de tiendas que venden por internet y me llegaba información muchas veces que no pedí recibir o que no me interesaba hasta que la vi. Así estuve durante años recibiendo basura en mi correo electrónico que limpiaba de vez cuando enviando los correos a la carpeta de no deseados, leyendo uno que otro para saber de qué se trataba y entre esas veces que me ponía a leer mis spams, encontré ofertas irresistibles y que estúpidamente más de alguna vez compré porque me vino un impulso arrollador y SIN PENSAR hacía click por aquí y por allá y a los pocos días, llegaba a mi casa un paquete con zapatos, lápices, libros, MUEBLES, ropa de cama, etc.  Muchas de estas compras realmente fueron sólo porque estaba barato, no porque lo necesitara. Y aquí estaba el gran error: comprar porque sí.

Los encargados de crear los mensajitos de ofertas, lo saben hacer. Y pucha que lo hacen bien. Increíblemente bien. Los odio. Pero la culpa es de nosotros, que nos dejamos seducir a través del email. Por algo lo hacen. No faltan los pavos que caemos. Me han llegado correos ofreciéndome estadías en termas, ventas de vehículos, ofertas de pasajes a todo el mundo, lámparas, productos de belleza, tiendas de mascotas, premios de lotería (mula), multas no pagadas (mula), avisos de bancos (entre ciertos y falsos), entre un millón de otras cosas que jamás me han interesado y que por algún motivo, alguien se apropió de mi correo electrónico y se tomó la libertad de mandarme información que no he pedido. 

El punto es que ahora que me di cuenta de la burbuja en la que estaba metida, decidí eliminar todas las suscripciones de todas las tiendas a las que he comprado por internet, en las que tengo tarjeta de crédito y cada correo nuevo que recibo que no quiero recibir más, pongo "desuscribir" y lo mando a la carpeta de spam. Lo bueno es que el Gmail permite separar en carpetas la información que va llegando, por lo que es más fácil ir priorizando la información y se sabe de antemano cuando llega información basura. 

- Cuando llega correo no deseado, la vacío inmediatamente y no leo nada de lo que ahí llega, a excepción de los títulos de forma rápida para que no se pase alguno que pudiera importarme en serio, pero en general no llega nada importante a esa carpeta.

- He vaciado mi correo, aunque todavía no me he dado el tiempo de borrar todo. Es mucho y tengo poco tiempo que prefiero dedicar a las cosas físicas tangibles.

- Limpié el listado de contactos de mi teléfono celular. Habían nombres que no conozco (de alguna venta quizás) y personas con las que no hablo nunca. Eliminé al menos 10, aunque creo que fueron más. 

- Borré fotos del teléfono también y limpié lo rescatado en Icloud, porque hay muchas cosas que no me interesa guardar ahí. Tendemos a sacarnos más de una foto en una misma posición y/o situación y se nos olvida borrar las repetidas. No tiene mucho sentido guardar varias iguales. Ojo ahí.

- Limpié el escritorio de mi computador. Estaba lleno de archivos que sólo descargué para mirar una vez. Saqué los accesos directos a algunos programas, dejé "a mano" sólo lo que me sirve y que uso siempre. Me falta limpiar algunas carpetas de 'documentos' y 'cargas de cámara'. Ya empecé, pero algunos tengo que revisarlos uno a uno.

- Para cerrar, la decisión final es no volver a comprar nada que no necesite. Lo vpy a cumplir tanto poara compras virtuales como físicas. Quiero hacer un análisis a fin de año viendo cuánto logré ahorrar.

NOTA 
Dato para limpiar el computador de los archivos temporales:
- Inicio - Buscar y escribir %temp% y de esa carpeta borra todos los archivos. El computador se vuelve más rápido casi de forma inmediata :D












jueves, abril 19, 2018

Lo que me hizo clic

Ya se habrán dado cuenta que estos últimos 3 meses me he dedicado a vender, regalar y botar muchas cosas. Esto no es al azar. No es que tenga necesidad urgente de plata o que me haya quedado sin trabajo o que tenga que mudarme a otro país ni nada de eso.

Hay tres grandes razones y una de ellas muy muy importante:

1°. Tomé conciencia que no las necesito y no aportan en nada a mi vida ni a mi bienestar ni a mi felicidad

2°. Ocupaban espacios físicos en mi casa y se me estaba volviendo un poco agobiante el hecho de tener que esquivar obstáculos, ordenar a cada rato y mover "las cosas que algunas vez podrían servir" de aquí para allá y en realidad nunca han servido.

Y la más importante

3°. Tuvimos junto a D y la Fran a fin de año una experiencia límite que me hizo clic. No he escrito nunca sobre el accidente, salvo un pequeño texto en Facebook e Instagram. No había encontrado el momento adecuado ni las palabras correctas. Ahora puedo incorporarlo a un contexto en el cual hablar del apego a la vida y el desapego a las cosas materiales tienen mucho sentido. Y aquí voy…

He escuchado durante años a algunas personas decir, si es que no toda mi vida, que las cosas materiales no tienen ninguna importancia, que el dinero no hace la felicidad, que existe una ley de atracción que permite que nos ocurran cosas buenas si es que así creemos que será, que lo esencial es invisible a los ojos. A pesar de que está lleno de mensajes estilo Dalai Lama en todos lados, pasa algo curioso: nuestro estilo de vida, ese estilo que se nos impuso y que debemos cumplir de una u otra forma para encajar con los demás, hablemos de la última moda, los miles de productos de belleza, el último modelo de auto, teléfonos, computadores entre un sinfín de PRODUCTOS que nos harán más felices, pareciera no estar acorde con las frases que muchas veces llamamos cursis o cliché.

Miro hacia atrás y me sorprende haber estado sumergida en este mar de acumulación. No sé bien si tenía miedo a perder algo o me sentía muy sola. He leído que la acumulación se asocia a carencias o falta de algo, sin embargo no sabía que me sentía así o quizás no me daba cuenta del daño que me estaba causando. En estos pocos meses he logrado cambios tan radicales en mi casa que sin mentir debo haber eliminado unos 500 kg de cosas, entre muebles, ropa, artículos de ferretería, zapatos, libros, ropa de cama, pinturas (lacas y barnices), cables, comida (sí, comida vencida), productos de belleza y cosméticos, etc. Y les cuento que es verdad que una vez que ordenas tu espacio vital, te sientes más liviano, más descansado. Porque nuestra casa es nuestro espacio, DEBE ser el lugar donde nos sintamos seguros y en paz, no ese lugar al que no queremos llegar por “pucha, tengo que ordenar”. (ya me extenderé más en este punto más adelante en otro artículo).

El accidente me hizo clic. Cuando volví a mi casa después de haber pasado el año nuevo en el campo, adolorida pero descansada, encontré a mi perrita Coca enferma. Se murió esa misma semana. Un día después de mi cumpleaños. Boté tanta pena en lágrimas, entre el estrés del choque y esta pérdida tan dolorosa, mi corazón y mi cabeza hicieron clic. ¿De qué me sirve una casa llena de cosas si no me aportan felicidad, si no permiten que me sienta a gusto en ella y lo peor de todo, si no aportan a devolverme a mi perrita. ¡Basta! Ya fue suficiente, me dije.



Llevaba varios años pensando en ampliar mi casa. El espacio era insuficiente para todas las cosas que tenía guardar. Ése era mi argumento para pensar en ampliar. Estaba equivocada. Cuando decidí ampliar de una vez por todas (octubre 2017 lo decidí), me dije a mí misma que no me iba a permitir llenar la parte nueva con la misma acumulación. La casa ya no iba a ser la misma de antes. Iba a tener espacio a mí gusto, a mí estilo, como yo quería que fuera y no acomodando lo que tenía. Si había que cambiar todo, lo haría. Y lo hice.

Las decisiones radicales son difíciles de tomar, pero hace falta un empujón o un empujoncito, para partir. De vuelta en mi casa, a comienzos de año, imaginaba mirando todo el “desastre” que había en mi casa, en la bodega, en la leñera, dentro de los clósets y de los cajones si el accidente hubiera sido fatal, ¿qué habría pensado mi familia al tener que revisar todo lo guardado? ¿qué habrían hecho con las cosas? Quizás habrían pensado que me gustaba guardar todo eso o se habría preguntado ¿por qué guardaba esto? ¿y esto otro? Es algo que me dio vueltas varios días. Y entonces… partí con la eliminación. En inglés hay un concepto llamado “decluttering” que no tiene traducción al español, pero que significa sacar de tu casa todo lo que no te aporte, desechar cosas inútiles, limpiar, ordenar, organizar, etc. Eso fue lo que apliqué y lo sigo haciendo.

Me faltaba un clic. Y fueron varios clics en poco tiempo. Fue como un reseteo. Una nueva oportunidad. No le doy a nadie la sensación de estar vivo sabiendo que tu vida puede acabar en unos segundos. Todo lo demás se recupera, menos la vida. Si necesito algo, lo compraré cuando lo necesite. Ya no necesito guardar cosas que algunas podrían servir, porque quizás nunca más me vayan a servir.


Dedicato a ti, mi perrita linda. Sigues siempre presente en mi corazón.

domingo, abril 15, 2018

Eliminar productos vencidos

Sacando una cuenta aproximada, debo haber botado al menos 40 productos vencidos, entre productos de belleza, alimentos y medicamentos. 

Cuando partí ordenando mi dormitorio, aparte de atacar el clóset y cómoda, me enfoqué en "desocupar" el espacio usado por la enorme cantidad de cremas, cosméticos y otros productos de belleza que estaban dispersos sobre distintas superficies y cajas.

Tengo algunas fotos para que se hagan una idea:


Los productos de este collage de fotos estaban todos o sin uso desde hace varios o definitvamente vencidos con sus etiquetas de vencimiento sacándome la lengua. Lo más triste es que mucho de ellos estaban con más de la mitad del contenido lleno y nunca los usé. Esto pasa cuando compras en caliente y te dejas llevar por ofertas o avissos de TV. 

Puse una publicación en Facebook de que trocaba todo esto por alguna planta y recibí una begonia. No es que yo quisiera intoxicar a otras personas, pero como era regalo, la persona que pasó a buscar las cosas, habrá tenido que revisar y ver qué le sirve y qué no. Ahí ya escapa a mi responsabilidad. 

Estas fotos que vienen a continuación son productos que tenía en el baño guardados adentro del vanitorio. Lo sorprendente es que el mueble vanitorio lo tengo hace alrededor de 6 meses y esos productos llevan vencidos al menos 1 año. O sea, los guardésólo por guardarlos. El desodorante lo tenía en mi oficina "por si acaso". Uff, menos mal que no tuve que usarlo.




Y para terminar, en estas fotos muestro un resumen de todas las comidas que tenían fechas de vencimiento de varios meses y años ue tenía en mi guarados dentro de mi despensa. De igual forma que lo he hecho con el resto de muebles, vacié el mueble de la despensa en febrero producto de los arreglos de la casa y volví a guardar los mismos alimentos vencidos sin revisarlos. Nuevamente, sorprende eso de guardar por guardar.





Obviamente al pasar por una crisis-golpecerebral-zamarreo-tomadeconciencia como ésta, me di cuenta de que me sobraban demasiadas cosas que no usaba, que ocupaban mucho espacio, que había que moverlas para limpiar, que pude haber ocupado más de alguna sin haber revisado su fecha de caducidad. Probablemente con las cremas aparte de alguna alergia no hubiera pasado nada más, sino que lo triste o llamativo de todo es que estuve con esas cosas durante muuucho tiempo sin uso y más encima gasté plata que de una forma u otra terminó desvanecida. 

Nota mental 1: No comprar nada que no necesite de verdad
Nota mental 2: Ocupar lo que tengo antes de comprar algo nuevo
Nota mental 3: Revisar las fechas de los productos y sobretodo los alimentos y ordenarlos en la medida de lo posible por consumos prioritarios. (Eso fue lo que hice con los paquetes abiertos de alimentos, y los puse en una caja de "prioridad" por sobre los que siguen sellados)