lunes, abril 10, 2006

Mirando el Cielo

Durante estos días me he dedicado a mirar el cielo…

Me gustan los atardeceres rojizos. Una mezcla de turquesa, amarillo, naranjo y violeta. Más aún si son mirando como horizonte el mar… en una playa vacía… el típico paisaje romanticón con la marea que va subiendo y su choque contra la arena se hace ruidoso…

Por las noches he visto las estrellas… y para mi asombro descubrí que hay más de una estrella “amarilla-naranja”.

Me inspira enormemente el firmamento.

Incluso me emociono con la película “El Rey León” cuando Mufasa le explica a Simba que en el cielo están los antiguos reyes de la selva, observándonos y cuidándonos… ¿qué tendrá de cierto eso?

La inmensidad del cielo me hace sentir pequeña, ínfima… incluso insignificante… (ojo que no lo veo desde un punto psicológico ni de baja autoestima). Esa insignificancia derivada de mi ser tan mínimo con respecto a todo aquello magnífico que nos rodea.

Me gusta el cielo. Me encanta mirarlo. Me inspira.

Me siento maravillosamente inundada y plena cuando tengo la oportunidad de estar fuera de la urbe, sin luces artificiales, y veo pasar una estrella fugaz, y tengo la posibilidad de contemplar el sinfín de pequeñas (y a la vez enormes) bolas de gas iridiscente.

Cuando hay luna llena me ocurre que no puedo dormir tranquilamente. Me desvelo… tendrá algo que ver con las mareas… He llegado a pensar que quizás soy una especie de mujer lobo sin pelo, sin colmillos y sin garras (jaja, buena la talla)… me lo he preguntado varias veces.

Debe ser por eso que detesto los días nublados, y las noches nubladas… está todo apagado… sin luna, sin estrellas, sin ánimo.

Esta noche será una noche sin estrellas… (probablemente llueva)... pero creo que podré dormir tranquila...