martes, octubre 17, 2006

Todo por amor

Ay! Era tan emocionante encontrarse con "él" en el recreo. Pero era sólo para mirarlo, porque jamás me pescó. Era esa tontera de cabra chica de estar horas pensando en aquel personaje que era protagonista de todos mis poemas, de todos los corazoncitos en la tapa de mi cuaderno, de todos los "Lorena y Fulano".

¡Cuántas noches me quedé escuchando canciones requetecebolla de la radio "Aurora", "Femenina" o algunos cassettes grabados con el mismo tipo de música! Infaltables eran Magneto y "La puerta del colegio" o Keko Yungue y su "Dime que llamas, dime que buscas dímelo..." (estoy a punto de llorar). Reconozco que se me cae el carnet a veces, pero por lo menos estoy orgullosa de recogerlo.
Mal que bien, he vivido un montón de experiencias divertidas y me atrevo a contárselas.

En esa época, yo sufría al punto de dar la vida por mi amado ... el loco jamás se fijó en mí y le hubiera importado un rábano si yo me moría. Oh! Una vez me crucé con él y empezamos esa tontera de "¿quién pasa primero?" y yo me corría a la derecha, y él a la derecha, y que me corría a la izquierda y él a la izquierda y ahhhhhhhh qué plancha!!!! Roja como un tomate, muerta de vergüenza iba al baño a mirarme para saber con qué cara me había visto él. Si era muy pava. Me mojaba la cara para que se pasara el ardor de mis cachetes pigmentados y llegaba corriendo a contarle a alguna compañera amigui la plancha que había pasado.

Y como fueron varios años, cada año me gustó uno distinto.



Era tan molesta esa sensación en la guata, esa guata retorcida unida a una sensación de ahogo que remataba en unos cachetes (y a veces hasta las orejas) colorados. Ahora, me acuerdo y la encuentro exquisita. Con la edad este tipo de sensaciones se van perdiendo, porque ahora todo es más lógico y más racional.
Antes no, todo era emocionante.
Que si me miró...era para soñar tres días, y para contárselo a todas mis amigas. (Yo nunca supe que me estaba mirando porque tenía un papel confort pegado en mi zapato).


Está claro que a esa edad, uno "hace todo por amor", y por supuesto me conseguí el teléfono. Lo más charcha era llamarlo y ponerle una canción al teléfono!!! Qué rasca!!! Era lo más romántico del mundo. Y este tonto, como todos los hombres a esa edad son cabros chicos (más que nosotras) se mataba de la risa y me daba tanta rabia, porque no le daba la seriedad que yo esperaba. Prácticamente me estaba declarando al teléfono y no me pescaba. Lo peor de todo es que él sabía que era yo, y se burlaba :(.


Yo lloraba de amor, escribí muchos pero muchos poemas de amor. Todas las noches había algo que escribir en el diario de vida. Escribí canciones, llenaba de corazones todo lo que podía ser rayado con corazones. Eran de todos los tamaños y nuestras iniciales escritas en todas las fuentes y colores existentes.


Y en esa fiesta de 15, que se veía lindo.
Y yo que juraba que mataba, me veía realmente espantosa. jajaja.
Me había hecho una chasquilla redonda, del verbo redonda, con laca, y una cola de caballo amarrada con una cinta de raso negra. Mi vestido era como de cuento de hadas, y andaba con ¡botines! jajaja. Pensé que con eso lo iba a cautivar, pero a lo más me dijo "hola" y creo que ni siquiera me saludó :(.




Hace unos meses atrás llegué a la conclusión que no habría sabido qué hacer si este tipo se hubiera fijado en mí en serio. Porque aunque parezca raro, nunca me lo imaginé como pololo, o de la mano con él caminando en el centro, por ejemplo. Me resulta bastante extraño pensar para qué hice todas aquellas barbaridades "por amor". Era más bien la ilusión de poder estar algún día con él...la ilusión de que yo a él le gustara y se fijara en mí...esa era la gracia. Soñar. Pero saben qué. Habría sido refome que me hubiera pescado, porque se habría quitado la magia de soñar con él, de fantasear, se emocionarme porque me miró o porque chocamos...

Qué linda época. Bastante ridícula, pero linda.

Ahora que estoy vividita ya, vale la pena contar estas anécdotas de "amor". A estas alturas las veo como payasadas que, en cierta medida, me hicieron vivir esos días de cambio de mi mente y de mi cuerpo de manera divertida, sufrida o como sea, pero finalmente llena de emociones.

Cuéntense una anécdota divertida de esos años...

PS: Este personaje del que hablo es ficticio... no se pase rollos por favor...