miércoles, junio 15, 2011

Autocontrol

Algunas Empresas tienen dentro de su organigrama un departamento de autocontrol. Esta entidad puede estar constituida por una o más personas que deben velar por el cumplimiento de los procedimientos establecidos tanto de trabajos específicos como de desarrollo de distintas labores y tareas.

Dentro de este marco, el no cumplimiento de un requisito, ya sea interno o externo, da curso a un reclamo, sugerencia, no conformidad e incluso despido, Uds. deciden como quieran llamarlo. La finalidad del autocontrol es determinar qué se está haciendo mal para poder lograr cambiar o mejorar o bien, evitar que algún evento desafortunado ocurra.

Si las Empresas formadas por distintas personas, con distintas disciplinas, formación y experiencia son capaces de llevar correctamente este sistema dentro de ciertos parámetros establecidos, me pregunto ¿por qué los humanos tenemos tanta dualidad de ideas para cuidar nuestros cuerpos y por ende, nuestras vidas?

Trabajo desde hace un tiempo en mantención de sistemas de gestión de calidad por norma ISO 9001 y dentro de los requisitos fundamentales están la satisfacción del cliente y la mejora continua. Para el tema que planteo, mi cliente soy yo misma, mi cuerpo y mis auto-requisitos, porque dependerá de lo que yo haga si mi cuerpo se siente a gusto o si me enfermo o lo hago sufrir. La mejora continua es una meta constante, perfeccionamiento a nivel de formación, mantenerme joven dentro de lo que sea posible, lograr tener buenas relaciones interpersonales y profesionales, cumplir mis metas personales en el ámbito familiar, entre otras… Con todo este análisis podría pensarse que tengo toda mi vida bajo control, pero ¡no!

Ejemplos:

- No fumo más. No he logrado cumplir mi meta propuesta, a pesar que he estado tiempos cortos sin hacerlo. De una u otra forma vuelvo al vicio, casi sin quererlo (típica excusa del adicto). A pesar de todo lo mal que me hace, la pérdida de plata que significa y de lo que me acorta la vida, lo sigo haciendo. Primer FAIL de mi autocontrol.

- No beberás al manejar. Lo he intentado, pero no al punto de evitar una cerveza. Es una irresponsabilidad tremenda, lo sé, pero bien. Hago mea culpa. El autocontrol en este caso es delegar el manejo a otra persona o definir quién es el que está autorizado a beber (más) esa noche.

- Yo no como grasas ni comida chatarra. Si bien no soy asidua consumidora de grasas y afines, caigo en la tentación de comer una porción gigante de papas fritas, una pizza completa o un par de hamburguesas. Por este lado, el autocontrol lo definen las lucas disponibles para gastar en el momento. Afortunadamente no me hago el tiempo para preparar estas cosas en casa, por lo que es algo menos habitual.

- No consumo azúcar directamente. Por lo general no consumo azúcar, ni en bebidas gaseosas ni en el café. Evito el azúcar en bolsa y cubitos. Puedo decir que para esto sí tengo autocontrol, aunque igual consumo en chocolates, postres, galletas y otros.

- Pensar antes de hablar o de actuar. Sí. Se aprende, pero se puede. Y se aprende cuando se toma conciencia de lo que una frase mal hecha provoca en el resto de las personas. Cuando se logra entender al otro y ser empático, entonces el autocontrol toma mucha relevancia. Creo que en este caso, he aprendido.

Si en las organizaciones es posible llevar un autocontrol, aunque no siempre resulte todo al 100%, también debe ser posible controlarse a sí mismo. Así lo demuestra las personas que meditan, que dedican su vida a un estilo de vida. Yo reconozco que no puedo dedicarme a meditar y a hacer deporte como quisiera porque mi ritmo de vida y mi trabajo no me lo permiten, pero sí me gustaría lograr en algún momento ese autocontrol en todos los aspectos de mi vida, para no hacerme más daño con cosas evitables y vivir varios años más de los que me auto-pronostico si sigo viendo así.