viernes, julio 22, 2005

Una aventura en el Puerto




El viaje se postergó algunos días.
Esa noche el frío se asomaba imperiosamente.
Nos juntábamos a las 23:00 hrs de ese domingo en el frontis de nuestra facultad para tomar el BUS, que nos llevaría a la V región. ¿Bus, me dijo? Era una micro, una micro enana, como de recorrido sin la puerta trasera. Ahí íbamos a viajar los 25.
Horrorizados por el tamaño del supuesto bus y a regañadientes, no tuvimos más alternativa que subirnos, y aguantar las 10 horas de viaje que nos esperaban por delante. (y sin baño)

Partimos.
Para evitar la sensación de frío extrema, nos aperamos de café y bastante agua caliente lo que nos mantuvo despiertos durante algunas horas de la noche. Por esto, fue necesario detenerse varias veces en el camino, porque está claro que no es posible almacenar tanto líquido en el cuerpo durante tantas horas.
Terminado el café, nos propusimos dormir. Y el frío nos empezó a azotar. A rasguñar. La incomodidad de los asientos hizo que más de alguno se quejara en la noche, y no se dejaba de oír "brrrr", "¡puta la wea que hace frío!"o "debí haber venido más abrigado". Una de las chicas fue a pedir amablemente al conductor que encendiera la calefacción (¿Calefacción me dijo? JAJAJAJAJA). La micro no tenía calefacción.
La historia de terror estaba recién comenzando. Llegamos a Valparaíso a las 8:00 de la mañana. Con harto frío y los cuerpos cortados, esperando una ducha. Y nos habían engañado!!!!!!!!! No había ducha, no había agua caliente...¡y no pudimos acicalarnos!.

Pasamos a "AQUISI" a tomar desayuno. No recuerdo haber comido un churrasco a las 8 de la mañana, por ello mi guata sufrió el resto del día; aunque debo reconocer que estaba bien rico. Reponedor.
Luego de llenar nuestros estómagos nos dirijimos al Puerto a conocer las dependencias de éste. El sitio de embarco y desembarco, los contenedores...y pa' que latearlos con detalles. . Una pequeña exposición en ppt nos esperaba, y unos cómodos asientos que, creo, lograron que varios se quedaran dormidos.
Y esto terminó muy pronto...y sobraba mucho tiempo...así que nos fuimos a ver el Museo Naval, sobre la Aduana, que para sorpresa de nuestro profesor estaba cerrado el día lunes :( Y como me ubico en ese barrio, me imaginé que mis conocimientos del sector podrían servir de algo, luego, los invité cordialmente a conocer el mirador Aduana para ver el Puerto desde arriba y tratando de convencerlos para que anduviéramos en Ascensor (funicular, fornicular...a algún degenerado se le ocurrió). Lo logré :)

El mirador es ideal para tomarse fotos, muchas fotos; para tomar muchas fotos al puerto. Compré un par de souvenirs, cosa que jamás había hecho, después de haber estado ahí unas 20 veces por lo menos.
Pero yo quería andar en ascensor. ¡¡¡Y anduvimos siiiiiiii!!!. Para cardíacos resulta un poco tenebrosa la partida, pero resulta bien entretenido el paseíto. Llegamos abajo y calle jajaja.

De vuelta al bus, caminando en esos cerros con pendientes agudas, exagero para lo que nos tocó caminar, pudo haber sido peor. Y se decidió en conjunto ir a comer al mercado. Yo sabía que era repunga, pero no podía decidir por los demás. No nos habíamos bajado del bus, cuando se nos acercó una mujer, con el rímel corrido a preguntarnos cuántos éramos. Y luego, llegó otro personaje. Y fue el comienzo del acoso.

Entramos al mercado. De arquitectura agradable, de simetría refractada, es bastante lindo, con dos escaleras tipo caracol que se cruzaban en cada nivel, pero lamentablemente super mal tenido.
Llegamos al piso intermedio y empezamos a sentirnos acosados cuales zombies acosando a un tipo en el cementerio (como en las películas). Esa fue mi sensación, por lo menos. Y cada dueño de restaurant (eran en su mayoría mujeres) nos ofrecía lo mismo: una paila marina y una pesca' con agregado. Lo peor fue que no había cómo hacer diferencia, si el menú se repetía en todos los locales y el precio también era el mismo . Finalmente, convencidos por cansancio entramos al localcito de la señora del rímel corrido.
Yo no quise paila marina, porque no soporto la textura de los mariscos. Me supera. La mujer me dijo que entonces me daba un plato más grande, y le creí. Y mientras yo veía que todos se comían su paila marina, me trajeron mi GRAN plato con un mini pescado y una mínima, pero mínima porción de arroz. En serio, era como si hubieran usado una taza de café de molde para servirlo. Me lo comí...El plato sin duda era más grande, en eso no mintió.
Me pareció tremendamente curioso que uno de los chicos no pudiera comer pescado porque no podía comerlo con espinas...
Terminamos casi todos de comer y vi que le llevaban unas empanadas a unos de los chicos - eran a cambio de la paila marina - y a mí me hicieron monga porque me quedé sin empanada, sin paila y con hambre. (tanta hambre no, porque comí dos panes con ají, pero de todas fromas tenía que alegar). Así es que me retiré "indignada" sólo para molestar a la mujer que atendió las mesas y me mandó a hablar con la jefa, porque ella era emplea' no más. -- Eso me carga del trabajador chileno, esa subordinación al punto de la ignorancia, la falta de iniciativa, la rotería mental--
De vuelta al bus, sin baño cerca, a Viña. Sin baño!!!!
Bajamos a conocer la estación de Viña, situada en la antigua estación de Viña del Mar que había sido declarada Monumento Nacional y se lo pasaron por ahí mismo, y la destruyeron. Bajamos por escaleritas de metal de peldaños angostos, ideales para mi vértigo...Pero Merino me ayudó a bajar. Debo agradecérselo públicamente. Es como una estación de metro, común y silvestre pero con la diferencia que no hay locales comerciales y el suministro de luz es igual que el tren convencional, por arriba. Estuvimos largo rato mirando y mirando...y escuchando algunas reseñas...
Salimos de esa estación para conocer la Estación Miramar que se encuentra a la altura de Aguasanta, y que tenía la entrada terminada. Mientras caminábamos por calle Álvarez, pasamos al lado de muchos obreros de la constru, y me sentí un poco halagada porque como todos andábamos de casco blanco, para ellos somos "jefes" y por ende nosotras somos "jefas", así que los piropos apuntaban directamente a "las jefas lindas"...:)
Entramos a la bóveda de hormigón a conocerla. Seguimos escuchando reseñas... y mirando...y mirando...El polvo me molestaba, y me dio un poco de claustrofobia sentirme encerrada en ese túnel.
Una vez terminadas la dos visitas de rigor, y estando afuera, debíamos optar qué hacer. Caminamos todos hacia el bus y fuimos al Mall, en principio, a conocer los baños. Y los conocimos. Nos reencontramos en el bus y cada cual tomó su rumbo. Las chicas fuimos de shopping, otros fueron a caminar por la costa y el resto fue al 'Café Journal' a comer y tomarse un "café" (bien claro y helado).
A las 23:00 hrs debíamos juntarnos en el 'Journal', sitio donde nos esperaría el bus. Decidimos entre los que nos encontramos en el Mall, ir más temprano al lugar especificado, pero se nos habían adelantado otros...
Celebramos el no-cumpleaños de Profesor, luego se entonó la canción: "los que han nacido en enero...." y creo que no salieron nunca de enero.
El bus llegó antes de lo estimado, lo que no fue razón para querer irnos del lugar. Por lo tanto, nos quedamos un buen rato más. Y lo pasamos bien, muuuy bien.
El viaje de vuelta fue distorsionado. Esamos tan cansados que empezamos a delirar y cantábamos como si nos encontráramos en un burdel. Me imaginaba el bus moviéndose como cuando en la revista "Condorito" hacen fiestas en las casas y se ve el techo que salta y las notas musicales se arracan desde el techo...En general el viaje estuvo ameno, con nuestro infaltable café nos mantuvimos despiertos varias horas, hasta que a todos se nos acabó la pila y optamos por dormir.
El sueño fue largo, el despertar fue extraño, y lo mejor de todo, es casi nadie sintió frío...Como dijo uno por ahí...fue como viajar en Tur-Bus. (y en realidad el viaje pareció haber durado más de un día).