domingo, noviembre 15, 2015

Soledad

Hace un par días hablé de mi libertad. Hoy comentaré sobre mi soledad.

Me he vuelto bastante solitaria. Tengo a mi lado a mi familia, pocos pero buenos amigos, muchos conocidos, otros varios conocidos reconocibles a través de redes sociales y sería. 

"Vivo sola con mi hija", le dije a la terapeuta. Me dijo "¿Cómo dices que vives sola, si vives con ella? ¿Cuántas personas deben vivir en una casa para que los integrantes no se sientan solos?". Tenía toda la razón. No vivo sola... Pero la soledad de la que hablo en este artículo tiene otro matiz.


Me reconozco en exceso sociable, me gusta conversar, conocer personas, compartir con los compañeros de trabajo, con mis vecinos y de vez en cuando, con apoderados del colegio. Sin embargo, siempre estoy sola. Hago todo sola, llevo mi negocio sola, voy al supermercado sola, manejo sola. Paso mucho tiempo en solitario y si bien, me gusta tener mi espacio, en ciertas ocasiones, me aburro. Quisiera salir, ir a la playa, caminar por el parque, tomarme un sour, ir a un concierto, ir a una exposición de pintura, ir al teatro, cocinar un banquete, andar en bote, salir a patinar... pero ¿saben? Me da lata hacerlo sola. Siento que me falta un partner. Una amiga o un amigo al que pueda llamar cuando quiera y que quiera apañar en estas aventuras, que son bien simples, pero que por no hacerlo sola, no las hago. Ya no soy la joven de 15, ni de 20, ni de 25 años que disponía de tiempo abundante para el ocio. Los espacios de ocio para mí son sólo los fines de semana o después del trabajo en la semana, espacios en los que podría aprovechar de hacer todo esto que menciono, pero me da lata porque andar sola por la vida ya se me empieza a volver abrumador.

Conversaba con una amiga sobre lo complicado que se vuelve compatibilizar los tiempos con los demás para poder reunirse. A veces pasan meses en los que no ves a una persona porque tú no tienes tiempo o el otro no tiene dentro de la semana para juntarse y los fines de semana que habitualmente son familiares, tampoco lo permiten. Llevo varias semanas intentando ir a ver a una amiga y por mil motivos no hemos podido ponernos de acuerdo. Esa extensión de los tiempos me inquieta... me voy a poner las pilas con esa visita prometida. 

"La soledad me trastorna, es una jaula de cristal, la soledad me da libertad, ya me he cansado de volar tanto"...
"C'est bizarre cette cage qui me bloque la poitrine, je ne peux plus respirer, ça m’empêche de chanter"...
"No, no one's knocked upon my door for a thousand years or more"...


Lo rescatable de andar sola por el mundo es que nadie me hincha, nadie me molesta, nadie me restringe, nadie me prohíbe, nadie me juzga, nadie me controla, nadie espera nada... pero no es sano tampoco pretender que esto sea lo normal. Disfruto la soledad, sin embargo, no siempre es así... A veces quisiera un abrazo, un beso, un cariño, un apretón de manos, una conversación profunda, un "me acordé de ti", una invitación... Eso nutre el corazón y no quiero convertirme en una roca. Dudo que así sea, porque soy en exceso sensible, pero igual digo que no quiero, para que no pase.