viernes, marzo 04, 2011

Viviendo sola

Vivir sola me ha vuelto un poco neurótica, y eso que llevo pocos días en esta nueva aventura.
Hacer las camas, cocinar, lavar los platos, sacar la basura y limpiar el baño son tareas que se me han vuelto habituales, pero que aún no logro coordinar de buena forma para que me alcance el tiempo como debiera.

Me encanta la idea de tener mis cosas, mi espacio y mi tiempo. Hacer lo que quiero, andar en calzones por la casa si se me ocurre, dormir hasta tarde cuando es posible.
Estoy aprendiendo a cocinar de todo, ya probé con las lentejas. Me hizo bien observar a mi madre durante todos estos años mientras cocinaba los fines de semana en la casa. No he recibido quejas, salvo por un arroz medio deshabrido por no saber medir la cantidad de sal, jeje.
La casa adornada a mi pinta, aunque aún me faltan muebles para guardar cosas, hay aún ropa en la maleta porque no sé dónde ponerla. Los nuevos diseños de closets no están pensados para mujeres con muchas poleras como yo, por lo que necesito con urgencia una cómoda o cajonera. Se ve linda de todas formas.

No hay cable. Ayer nos las arreglamos con la nueva antena para la televisión, aunque fuera para ver un poco de televisión abierta. Tampoco hay internet. Primero debo ver mis gastos reales del mes para considerar invertir en comunicaciones.

Llevar las cuentas, apagar las luces, cerrar las llaves de agua, lavar la loza con agua fría, con el fin de ahorrar. Hacer rendir el almuerzo para que dure para la noche, tomar jugo en vez de bebida, lavar en lavadora con carga completa… de a poco voy notando lo complejo de mantener una casa.
La plata tiene que durar hasta fin de mes, porque si no, no se puede. Con deudas no me interesa vivir, aunque me perdono unos gastitos extras para sentir que trabajo para vivir y no viceversa.
Ya me lancé a la cancha pagando mi primer dividendo. Me encanta estar cumpliendo el sueño de la casa propia, aunque me queden por pagar 299 dividendos más.