domingo, marzo 02, 2008

Llegó marzo!


Tengo latente en mi memoria el recuerdo de los primeros días de clases.

Mi primer gran desafío fue entrar a prekinder en el colegio. No era la hermana mayor, así es que siempre iba un paso atrás de mi hermana que como primogénita tuvo que vivir todas las experiencias sola. Ese día que mi papá me fue a dejar a la sala, lloré… y recuerdo que al año siguiente también lloré. No sé por qué lloraba, pero sí recuerdo que abrazaba a mi papá aferrada, hasta que la Madame me calmaba y me decía que era muy lindo todo lo que iba a suceder, que no tuviera pena, que no tuviera miedo…

Todos los años la entrada a clases, más que para nosotras (mis hermanas y yo), era para mis papás un evento.


Todos los años teníamos que posar para la foto de entrada a clases frente al frontis del colegio. Hay algunas que miro con espanto sobretodo aquéllas de mi época entre púber y adolescente, pero al poco rato me provocan ternura. Mal que mal, era yo la que elegía ponerme las calcetas L’eggs hasta la rodilla con el jumper hasta esa misma altura… Y era mi mamá la que me definía el corte de pelo que llegué a odiar. ¡Porque mi pelo era indomable! Casi una melena de león.

En los tiempos de jardín, cuenta mi mamá que nunca logró verme llegar con los dos moños igual a como ella me los había dejado plantados temprano en la mañana. Tampoco nunca pudo verme llegar sin los bototos plomos (porque eran negros), con las calcetas a la misma altura o sin las rodillas negras.
Era un monstruito… un Mowgli viviendo en la ciudad. Pero lo pasaba bien.

Fui creciendo, aprendí a leer y a escribir de forma notable, en español y en francés. Una linda caligrafía, buena lectura en voz alta… mi profesor de 1º básico, Monsieur Montserrat, me regaló una copa en un concurso de lectura que hizo en mi curso. Salí segunda, por equivocarme en una palabra… mi más grande fracaso a tan poca edad… y empecé a ser muy perfeccionista. Creo que es algo que mantengo, por desgracia, hasta ahora…

Con el tiempo fui desarrollando mis habilidades de mandona. Fui Presidenta de curso. Mi mamá se metió en la Directiva… En el colegio, en esos años aún en tiempos de Dictadura, había mucho “nuevo rico” o también llamado “roto con plata”. Se olía el arribismo, en una época donde las pesqueras y las forestales, además de las microempresas zapateras, eran el boom de la economía de esta región. Entonces había mucha mamá dueña de casa que esperaba a los cabros chicos estacionada afuera del colegio media hora antes de la salida, harto papá que iba a las reuniones de apoderados a mostrar su falta de respeto y su nueva forma de vida adquirida hace poco. Cuando se ponían de acuerdo para la cuota mensual que financiaría las actividades de fin de año, muchos decían que la cuota debía ser alta para darle a los niños un buen paseo de fin de año… pero a la hora de pagar, muchos se corrían hasta última hora… Y con esos padres arribistas se generaban hijos arribistas que se burlaban de la mochila, los zapatos, del auto o del peinado que llevaras.

En esos tiempos, ochentas, comprarse un auto bonito era tan caro como comprarse una casa. Y había gente que podía pagarlo, aunque vivieran arrendando…

Y sí, se burlaron de mí por la falta de marca de mis cosas. En ese entonces era súper importante llevar la marca de moda… nunca tuve las zapatillas de lona Topper, ni los pantalones Fiorucci o el bolso con olor de Il Gioco. Sufrí absurdamente por no poder estar en la misma onda, y ahora me doy cuenta que todo eso pertenece a una forma de ver la vida muy básica y ridícula.

Recordaba mis primeros días de clases… un febrero en que había que comprar el uniforme, si es que no heredaba el de mi hermana mayor. Lo más importante eran los zapatos. Como usaba plantillas tenía que usar zapatos de caña alta… los famosos bototos que odié cuando aparecieron los hermosos mocasines que nunca pude usar…

Cada entrada a clases era un nuevo paso. Siempre cambiábamos. Verano tras verano se producían metamorfosis en nuestros cuerpos. Más grandes, más flac@s o gordos, más altos, con el pelo más corto o más largo… Algunos llegaban mucho más altos debido al estirón. Otros llegaban con la voz cambiada o llenos de gallitos. Las niñas llegaban más pechugonas…
Recuerdo con nostalgia aquellos días… y me da lata acordarme de mi edad del pavo… porque fui muy mala hija.

Ahora, me toca vivir a mí el otro lado de la moneda… mi hija entró el miércoles pasado a clases, a prekinder. Se veía tan linda con su uniforme. Me ha costado levantarme temprano para ir a dejarla, pero la carrera ya empezó y ya no para…