martes, octubre 09, 2007

La magia está en creer

...DESAPARECIDA...


Aún no he perdido la magia de creer... de creer en las cosas mágicas, fantásticas; de maravillarme con cosas simples. No puedo no pensar en la olla con monedas de oro al final cuando veo un arco iris, o dejar de emocionarme cuando veo a los niños en época navideña sacándose foto con el Viejito Pascuero, y más emoción me da - convertida en una angustia tremenda - cuando sé que a ese chiquitito que le pide una moto a bencina, sólo le llegará de regalo una pelotita de goma. Pero qué más hermoso que creer...


Daría estos 27 años de vida por volver a mi infancia y volver a sentir emoción por cosas que ahora nos parecerían absurdas... sobre todo que veo que ahora siento de verdad que estoy tomando nuevas responsabilidades en mi vida...


Volvería a romperme las rodillas y rasparme las manos, total con un parche curita se pasaba el dolor. Entre asqueroso y entretenido era sacarme las costras y que la herida se notara para que me preguntaran qué me había pasado y decir que no me había dolido (a sabiendas que hasta lloré del dolor).

En el colegio estaba el "patio de la higuera", en cuyo centro por su supuesto, había una higuera, y era de tierra. Nunca supe qué tierra era, al parecer era arena gruesa mal graduada (jeje). Sacábamos la tierra con los talones de los zapatos, luego hacíamos montañitas y con las manos metidas en la tierra hacíamos los famosos túneles que ocupaban todo lo largo del muro del patio. Quedaba con las uñas cerdas y jamás me preocupé, mis bototos negros recién lustrados quedaban plomos y mis dos cachitos quedaban espantosamente maltrechos. En este mismo patio sufrían los panes con margarina, porque siguiendo la Ley de Murphy siempre caían con la margarina hacia la tierra, y bajo el concepto de que "no quedó tan sucio" o "chancho limpio no engorda", pum! pa' dentro y pasaba piola.

Muchas veces, sin saber ver la hora me ponía reloj. El que venía en la sorpresa de cumpleaños o alguno que encontré en un cajón de la casa. Es que no había nada más top que un niño con reloj. Aunque no tuviera pila, daba lo mismo, la gracia era creerse grande y que los demás te vieran grande.


Nunca me importó la marca de mi ropa. Cómo iba a desconfiar del gusto de mi mamá. Ahora viendo fotos, pucha que me vestía mal, pero según ella era yo la que elegía los colores. Será no más...
Y me encantaba ponerme los tacos de mi mamá, y los collares. ¡Qué sensación más rica era sentirse grande!Como buena ochentera me gustaba mucho Jem, no todos la recuerdan. Eran dibujos animados de dos grupos de rock femeninos rivales. Jem era super top, con pelo rosado y una estrella azul en el ojo, la misma que yo me pinté muchas veces.

Hubo período en que me dio por barrer. Mi madre llegaba más temprano a la casa y encontraba las escobas al lado de la puerta de entrada de la casa. Para ella era una vergüenza, lo más rasca que había, pero a mí me encantaba barrer mi patio e incluso los patios de mis vecinos jajaja. (quién me viera ahora... ajja)

Jugábamos al luche en mi patio. Lo dibujábamos con carbón o ladrillo porque era lo que teníamos más a mano y el tejo era un envase de betún de zapatos. Podíamos estar horas jugando en la entrada de mi casa y venían todos los cabros de la cuadra de los que ya no queda nadie.




Un juego que recuerdo y que ahora me resulta bastante estúpido era jugar al "maní tostao"; con la bicicleta al revés, es decir, apoyada en el manubrio y el asiento le daba vuelta a los pedales con la mano y gritaba "maní maní maní tostaooo". :P

Lo comentamos con mi hermana hace un tiempo atrás. Ella, pensando que todos cuando niños hicieron lo mismo, lo habló con sus compañeros de la U. Por supuesto, y como era de esperarse se rieron a carcajadas de ella. Menos mal que no lo he contado yo.

Ahora la infancia es más fome. Los niños ya no se emocionan como nosotros nos emocionábamos. Tienen tele todo el día y noche. Monitos durante todo el día, no tiene que esperar la programación infantil, ni emocionarse al ir a Santiago porque allá mágicamente daban monitos en la tarde (Pipiripao). Ya no tiene gracia tener reloj, todos tienen, incluso tienen celular. Ya no juegan al luche porque ahora hay juegos de computador, play station, o el mega super hiper nintendo.

Se acabó la magia de creer. Lamentablemente nuestros niños serán de la generación en que todo está listo, no hay mucho que crear y pon ende, no hay mucho en qué creer.

¿Cómo puedo yo hacerle creer a mi hija que el Viejo Pascuero existe, si durante los dos meses previos a Navidad le ofrecen créditos bancarios al "Viejo Pascuero"?¿ Cómo puedo decirle que deje su diente debajo de la almohada si el pánico colectivo habla del Hanta que trasmiten los ratones? ¿Cómo le hago creer que es el conejito el que trae los huevos de chocolate si el conejo es mamífero y no pone huevos.? Y más encima llega con monedas de chocolate.

Sé que encontraré la forma correcta de hacerla creer...porque yo aún sigo creyendo.