lunes, octubre 17, 2016

¿Cómo te lo digo?

Ya no sé cómo hacerte entender que lo hago por tu bien.

Pero la situación es siempre la misma:

- Le pongo color
- Me enojo tanto
- Siempre te reto por todo
- ¿Para qué me gritas?
- Soy exagerada

Es complicado ser mamá de una adolescente, sobretodo con tu carácter tan fuerte. 

Te cuento un poco... a ver si con esto ayudo en algo a hacer que entiendas: Yo también fui rebelde y contestadora, también me creía invencible, me creía chora. Pensaba que nunca me iba a pasar nada. Así como tú, me encerraba en mi pieza a escuchar música, a escribir en mi diario de vida o a hacer ejercicio. Tenía a mis hermanas para hablar, jugar o para pedir ayuda con las tareas... Quizás eso podría ser diferente a tu vida. No teníamos celulares, ni internet. 

Mi papá controlaba cuando llegaba a casa si es que la tele estaba caliente para comprobar si habíamos estado viendo en vez de hacer las tareas... nos daban tareas (a veces hartas) y había que buscar en revistas y diarios los recortes para poder preparar algo. Revisábamos enciclopedias y diccionarios, calcábamos los dibujos de los libros. Cuando no había Stick Fix, mi mamá nos hacía engrudo con agua, clara y harina para poder pegar las figuras en la cartulina... No podíamos descargar de internet la información. Había que esforzarse para buscarla. No siempre se podían imprimir los trabajos, así es que había que hacerlos a mano. 

Me acostaba temprano, porque estaba cansada. A veces me ponía a hablar por teléfono con alguna amiga en el teléfono que está colgado en la escalera... tenía que encerrarme en el escritorio con el cable apretado en la puerta para poder tener un poco de privacidad. Y mi papá levantaba el teléfono para saber si lo estaba ocupando y me decía a través de él que ya era tarde, que cortara y se quedaba esperando... era humillante, pero yo obedecía, aunque no quisiera. Me gustaría que tú también fueras obediente.

Me cargaba comer guatitas y las tuve que comer muchas veces obligada y tragando con jugo de naranja... no había nada más para comer. Era eso o nada. A ti jamás te he obligado a comer algo que no te guste. Porque para mí fue traumático, no quiero que pases por lo mismo.

Nos iban a dejar al colegio en las mañanas en auto, pero el Zastava se quedaba en pana y teníamos que empujarlo. Pasó muchas veces. En la mañana hacía frío. No teníamos calefactor eléctrico como tienes tú en tu pieza. El desayuno era una leche y muchas otras veces no tomamos porque andábamos siempre corriendo. Nunca nos compraron Chocapic y yo alucinaba con el comercial.

Cuando tenía tu edad, estaban de moda unos bolsos Il Gioco. Eran acolchados y la gran gracia era que tenían olor a flores. Eran caros, mi mamá no lo podía comprar... pero sabes? Compramos la tela juntas y ella me hizo uno igual. Y yo fui feliz con eso. Al menos tú no vas a pasar por eso. Siempre has tenido todo lo que has querido.

Nunca me dieron permiso para ir a pijamadas, ni quedarme a alojar en casas de amigas. Lo pasé mal con eso. Me sentía perna por no poder ir. Excluida obligadamente. No había permiso y nunca hubo. Quiero que te sientas parte del grupo. Quiero que seas feliz y que no te sientes reprimida. Por eso te doy permiso. Pero no quiero que abuses.

Después cuando más grande, no me daban permiso para ir a carretes. Así es que siempre fui perna en el colegio. No participaba de casi ningún carrete. Recién en tercero medio empecé a juntarme con amigos y muchos de los asados eran en la casa... y elegía hacerlos en la casa para poder participar más. 

Hasta aproximadamente los 15 años traté de Usted a mis papás... ¿te imaginas? El respeto era sagrado. Nunca una mala palabra. Jamás dijimos groserías en la casa. Estaba prohibido y además que no era parte del lenguaje familiar. Una vez le dije "weona" a mi hermana y mi mamá me lavó los dientes con jabón en barra. Fue espantoso, pero nunca más lo volví a hacer. Me enseñaron que debía ser y comportarme como señorita. Nos ponían reglas de cómo comer, cómo sentarnos en la mesa, no se podía almorzar en pijama, ni poner el codo en la mesa, ni sentarse a la mesa con gorro ni con el pelo mojado. Todas esas reglas eran terribles, pero teníamos que respetarlas. Porque el respeto a los papás era sagrado. Esperaría que de ti, también naciera ser respetuosa, que no respondas como si estuvieras en la vega, que trataras de analizar un poco más las cosas antes de decirlas...

Si te digo que quiero que seas responsable, es por tu bien. La responsabilidad permite que uno pueda obtener triunfos en la vida. Imagina que a mí se me olvidara pagar el agua, la luz o el dividendo... Eso no se puede hacer, porque es un deber. No puedo llegar tarde a mi trabajo, porque debo cumplir horario. No me mando sola en ese sentido. Si te pido que te acuestes temprano, es para que tu mente y tu cuerpo descansen, eso te permite estar más despierta, con buen ánimo al día siguiente y tu salud es mejor. Si te pido que te levantes temprano es porque te demoras mucho en hacer lo que te gusta: tomar desayuno, peinarte e incluso revisar tu teléfono... si te levantaras más temprano, alcanzarías a hacer todo, sin que yo te esté apurando y sin tener que pelear cada día...

Matan niñas todos los días en todas partes del mundo. Las violan, les pegan, las secuestran, les gritan en la calle, les corren mano en la micro. Está lleno de casos así en todo le mundo y pasa desde siempre. A mí también me pasó. Me manosearon en un paradero. Cuando estaba embarazada de ti, un cerdo me dijo "qué lindos sus senos"... Otra vez me agarraron el poto en la micro. A amigas les pasó que un gallo degenerado les mostró el pene por entremedio del pantalón en el asiento al lado en la micro. ¿Te acuerdas cuando me contaste del asqueroso que te miraba cuando corrías en el parque? Están en todos lados. Si te digo que no quiero que te expongas en redes sociales, no es por ponerle color ni por ser exagerada. Es porque está lleno de gallos depravados y de mente enferma buscando justamente a niñas o mujeres jóvenes que se publican gratuitamente sin pensar en que sus fotos van a ser usadas para masturbarse... y quizás para qué más.

Te escribo todo esto para que entiendas de una vez, que lo único que quiero es cuidarte y que seas feliz. ¡Cuánto habría dado por saber que no debía tener miedo a mis padres, sino que debía confiar en ellos! Pero me pasaba que si contaba las leseras que hacía o quería hacer, me retaban, porque no entendían los rollos juveniles. Quiero que confíes en mí. No te prohíbo casi nada, pero por lo mismo espero que tú me retribuyas siendo obediente y respetuosa. Eres muy cariñosa y con un corazón bueno, pero muchas veces se te olvida que debes seguir reglas y también se te olvida que vives conmigo.

Espero que de una vez por todas, lo entiendas. Así espero que sea... Te quiero y quiero lo mejor para ti.