miércoles, julio 11, 2018

Mi método de las 5 cajas

Mi postura es firme con respecto a eliminar todo lo que ya no aporta. Cada día reviso algún espacio de la casa y encuentro objetos que al mirarlos no me provocan agrado ni tampoco siento que los esté usando o que los necesite realmente. 

El método de las 5 cajas aplicado en casa.




Cuando piensen en hacer una limpieza profunda en sus casas, les recomiendo hacer el método de las 5 cajas y apliquen cada uno de los criterios que les comento más abajo para decidir qué hacer con lo que ya no quieren tener en sus hogares. Si no tienen cajas, pueden ser bolsas, da igual, la idea es que logren identificar con claridad qué se queda y qué se va y cuáles serán sus destinos finales. Teniendo las metas claras, es mucho más fácil el proceso. Con esta forma de pensar, de total desapego a las cosas materiales, he optado por eliminarlas de distintas formas y les explico la razón de cada una de estas decisiones:

1. VENDER: Lo que vendo es lo que está con poco uso, en muy buenas condiciones y que en verdad compré por calentura del momento y que al llegar a casa o al usarlas un par de veces, me di cuenta que no me gustaban. Otras, las vendo porque fueron regalos no solicitados y quedaron guardadas por harto tiempo y decidimos junto con mi hija, que podemos reunir fondos para su intercambio del próximo año con la plata recaudada de las ventas.

2. DONAR: Separo regalar de donar, porque la donación la hago a personas con necesidad. Es decir, he hecho un par de cajas y bolsas con cosas que para mí son innecesarias, pero que para otros son de utilidad. Por ejemplo cosas de casa duplicadas o que no uso, ropa de cama, zapatos en buen estado, artículos y elementos de aseo, bolsos, etc.  Publico en páginas de Facebook que regalo tales cosas y me hablan personas desconocidas, nos ponemos de acuerdo y se las paso. A veces a cambio de plantas, otras, a cambio de nada. 

3. REGALAR: Aquellas cosas que no es posible vender por su tamaño, valorización o que ya pasado un tiempo me han dejado saturada porque no sé dónde guardarlas y que sé que alguien pudiera valorarlas mucho más que yo. Las regalo entre mis vecinos, colegas de la pega, la señora que hace el aseo en mi casa o amig@s. Puede ser ropa de la Fran que le quedó chica para hijas de amigas, joyas, adornos de la casa, libros y otras. Siempre pregunto si les sirve primero y eso me tranquiliza. Tengo una obsesión por darle un segundo o último uso a las cosas que están en buen estado y que yo ya no quiero más. 

4. REUTILIZAR: Son pocas cosas a las que logro cambiarles el uso típico, salvo los frascos de café que uso para almacenar distintos productos como frutos secos, quinoa, harinas, etc. Uno que otro envase me sirve como macetero, pero últimamente he optado más por llevar todos los residuos domésticos a los puntos limpios que buscarles un nuevo uso en la casa; si no, vuelvo a llenarme de cachureos.

5. BOTAR: Cuando ya no queda alternativa, boto. Hay objetos que por sentido común no se puede regalar como la ropa interior. Independientemente que esté limpia o con poco uso, es de mal gusto. La ropa llena de motas, manchada, rota, elementos que no es posible llevar a los puntos limpios como el PVC o desechos de construcción y todo lo que me cabrea y que definitvamente no quiero tener ni por un minuto más en mi casa. Eso se va, sin chistar.

No incluyo la caja de cosas por CONSERVAR, porque no las dejo aparte, si no que quedan en su lugar o las vuelvo a colocar nuevamente en su lugar en poco tiempo.

Más temas como éstos en mi cuenta de Instagram en @organiza_y_simplifica_tu_vida y @lore_ortizj

LAFÚ

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