martes, noviembre 01, 2016

Mente fría

Trato de pensar con la mente fría, una característica que me destacó por mucho tiempo, pero ¿saben?... No sé si será la edad que me ha vuelto más sensible, pero mi mente está tibia e incluso caliente, y estoy tendiendo a pensar de forma muy emocional.

He estado pensando en mí... Yo sé que hay mucha gente que hace caso omiso a su propia persona y vive el día a día, sin analizar mucho sus actuares presentes ni en lo que hizo o dejó de hacer y menos en el futuro. 

Hablaba hace un par de días con una amiga y me recordó que siempre me había visto como Bellota de las Super Poderosas... creo que siempre me hice ver así, como la galla gruñona, mañosa, la que dice lo que piensa, la que no se deja pasar a llevar. Me acuerdo que con ella yo era la que pedía lo que sobraba en el plato para llevar, la que una vez pidió que le echaran en una botella de jugo lo que sobraba del pitcher (ordinario a cagar), la que espantaba a los jotes en la mesa del pub, la que no quería pagar el estacionamiento en la calle con la convicción de que era un espacio público, la que no soportaba que la sacara a bailar un desconocido, la que se negaba a que le pagaran la cuenta... así era yo.

Siempre he sido la que defiende los derechos de las mujeres, la que pelea por el sueldo comparándolo con los compañeros de igual experiencia. Soy esa misma galla a la que trataron de conflictiva por defender las especificaciones técnicas en una obra, la que fue catalogada de peleadora por hablar más fuerte de lo acostumbrado a una mujer, por ser seria y no dejarme engrupir con un "qué linda". Soy la galla que pelea con los seguros, que exige el vuelto en monedas de peso y que espera 10 minutos si es necesario, porque le traigan esas monedas, la que pelea por un precio mal puesto en la góndola, la que se enoja con los conductores apurados, la que llama al SERNAC...

Pero... trato de entender si es la edad, la experiencia de que hacer todo eso a veces juega en contra, de entender que toda esa choreza me ha jugado malas pasadas o simplemente de que ser así, quizás lo único que ha logrado es que me sienta cada vez más sola. Mis amigos me han reforzado en el tiempo que me quieren así y eso es lo que les gusta de mí, pero yo siento que ser tan "avispá" y menos lesa, me ha jugado en contra. 

Me las di de superwoman durante varios años, pero hoy, me siento superada. No soy capaz, emocionalmente hablando, de abarcar tantas cosas al mismo tiempo. Creo que aún puedo mascar chicle y caminar a la vez, pero ser mamá, profesional dependiente, empresaria independiente, empleadora, dueña de casa, hija, apoderada, tesorera de condominio, pareja y amiga, me superó. No puedo. En serio que no puedo. Estoy colapsada. 

¿En qué noto el colapso? Me angustio. Tengo pena. No me siento conforme. Me irrito con facilidad, pero no para enojarme, sino que me ataca la pena. Quiero tener todo y nada a la vez. Y he llorado. He llorado frente a mi jefe, frente a mi hija, frente a mis amigos, en el auto camino a la pega, frente a quien suponía era mi amor, en el supermercado, viendo tele, leyendo, en el baño... he llorado... y harto.

Ya decidí. Soltar...

Soltar...

Soltar lo que no aporta a mi tranquilidad. Y empecé a gritar. No de forma literal... pero a gritar, a soltar lo que me hace daño. No hay nada peor que guardarse el descontento, el desgano, lo que no hace feliz. Partí soltando lo que sentía con mi jefe, seguí con mi hija, y luego con mipeoresná. mantuve los dos primeros... curiosamente. Mantuve mi trabajo y mi hija me entendió. Pero mi supuesta pareja, no. Sólo se fue. Me queda la tranquilidad de que al menos pude decir lo que sentía en el momento adecuado. Estaba colapsada. Sigo así, pero menos. Voy liberando las trancas, las penas y desencantos que llevo dentro. Es una buena terapia liberar las trancas. Al menos para mí, sacarme lo que llevo dentro, me ayuda a soltar. Ya viví la experiencia del aguante, de no decir las cosas a tiempo, de evitar conflictos callando, pero ya supe que cuando la olla hierve, el problema se vuelve mayor y no hay vuelta atrás. Dicen que los capricornio tenemos paciencia, pero cuando se supera el límite, dejamos la escoba... así ha sido, y creo que así será.

Soltar para estar tranquila. Amo mi libertad. Soy libre. Lo que me apena es esta soledad permanente. Me apena dar y no recibir lo mismo a cambio. Me apena que mi tiempo se diluya y que pasen los segundos y no me sienta a gusto. Me da miedo entregar amor, porque siento que cada vez es menos lo que puedo entregar y además que la retribución no ha sido satisfactoria... Mi corazón está lleno de cicatrices que no se borran y que cuando siento que se van deshaciendo, se vuelven a formar, más gruesas, más marcadas, más dolorosas... me está empezando a costar creer en la gente. 

Añoro esos años en que era Bellota. Preferiría seguir siendo la galla pesota, la indolente, la chora, la mañosa. ¡Qué no daría por volver a ser insensible, a dejar ir todo eso que me molestaba, por volver a ser esa galla fuerte! O al menos parecerlo... nunca he sido tan así. Era tímida, sin tacto. Aprendí a abrazar, a ser cariñosa, a ser buena amiga,,, eso me lo enseñaron los años... También aprendí a ser comprensiva y empática... Aprendí a dar amor... lo que nunca he aprendido es a decidir a quién....

No logro ser mente fría.